En un despliegue de eficiencia que dejaría pálidos a los relojeros suizos, el Gran Mecanismo del Bienestar ha iniciado su ritual bimestral. La máquina estatal, aceitada con burocracia pura, comienza a escupir monedas según el sagrado orden del abecedario.
La dignidad, ahora cuantificada en pesos y centavos, llega por orden de apellido. ¿Es usted un ‘H’, una ‘I’? Su día de gracia es hoy. Los ‘Z’ deberán cultivar la paciencia hasta el día 28, demostrando que la virtud ciudadana se mide en capacidad de espera.
“El recurso se entrega mediante depósito directo… sin trámites adicionales”
¡Milagro moderno! El Estado logra transferir lo que es suyo hacia donde debe estar, y lo celebra como acto de generosidad sublime. La pensión para ancianos (6,400 pesos) convive en armonía numérica con la de mujeres (3,100) y discapacitados (3,300). Una jerarquía precisa donde cada grupo social encuentra su lugar decimal en el gran esquema.
Madres solteras: 1,650 pesos. La matemática del cuidado se reduce a una cifra que ni Swift hubiera osado imaginar en sus Viajes de Gulliver.
Cada letra tiene su día asignado en este calendario litúrgico laico. Los ‘C’ disfrutan de dos días (7 y 8 de enero), privilegio alfabético que los ‘B’ jamás conocerán. Los ‘M’ también gozan de extensión festiva. ¿Será que ciertas consonantes son más ciudadanas que otras?
Al final del ritual, cuando la ‘Z’ reciba su parte, el ciclo se cerrará. Hasta el próximo bimestre, cuando el Gran Alfabeto del Bienestar vuelva a girar sus engranajes, repartiendo no solo pesos, sino también la ilusión metódica de un orden perfecto.
















