El vecino del norte anuncia su nueva guerra contra un concepto abstracto

En un giro narrativo que hubiera dejado pálidos a los guionistas de las telenovelas más estridentes, la máxima mandataria de la Nación Morena, la Doctora Claudia Sheinbaum, anunció con serenidad olímpica que ha instruido a su canciller para que busque un diálogo cordial con los amos del universo. La urgencia: aplacar los ardores belicistas del Emperador Rubio de Florida, quien, no satisfecho con haber domeñado el 97% de los mares, ha declarado su intención de cazar en tierra firme a esa mitológica hidra de mil cabezas conocida como “los cárteles”.

“Es parte de su manera de comunicar”, musitó la Presidenta con una sonrisa que bien podría curar el cáncer, refiriéndose a la costumbre del Mandatario Trump de anunciar invasiones con la misma ligereza con que se pide una pizza por teléfono. Una “manera de comunicar” que, para el observador casual, suena idéntica a un ultimátum, pero que en el refinado lenguaje de la geopolítica se traduce como “una oportunidad para fortalecer la coordinación”.

La soberanía, ese incómodo estorbo para la eficiencia

Mientras el coloso del norte se frota las manos pensando en la logística de una nueva campaña de “liberación” —esta vez en el patio trasero, que siempre es más barato—, la administración Sheinbaum se afana en demostrar su utilidad. Los analistas, esos augures modernos, coinciden en un punto: la invasión es improbable. ¿Para qué gastar balas y generar mala prensa en un territorio cuyos gobernantes ya ejecutan, con devoción casi religiosa, el libreto de seguridad escrito en Washington? La soberanía, al parecer, es un lujo folclórico que se exhibe en los discursos pero se archiva obedientemente cuando suena el teléfono de la embajada.

El verdadero teatro de lo absurdo se despliega en las conversaciones de alto nivel. Sheinbaum consulta el asunto con su colega, el filósofo-guerrillero Lula da Silva, con quien comparte no solo preocupaciones por “la defensa de la soberanía”, sino también una invitación turística a Brasilia. Mientras, en el mundo real, el precedente está fresco: Venezuela ya fue “reordenada” el sábado pasado. Una operación quirúrgica, sin duda, para extirpar el tumor del chavismo. Un recordatorio gentil de que la Doctrina Monroe no solo está viva: tiene drones y ganas de usarlos.

El trueque de la dignidad por tratados comerciales

La farsa alcanza su cénit con la próxima revisión del sagrado tratado comercial. Las amenazas militares, explican los expertos con una frialdad admirable, son simplemente “una forma de presión”. La moneda de cambio es clara: se negocia la sumisión estratégica a cambio de no ser bombardeados, y de paso, se regatea el precio del petróleo y el destino de la hermana Cuba. El imperio, en su infinita generosidad, permite que sus vasallos conserven la bandera y el himno, a condición de que entreguen el mapa y las llaves del arsenal.

Así, el gran circo de la política internacional nos ofrece un número hilarante y trágico: un país que se declara “controlado por cárteles” pide por favor que no lo salven por la fuerza, mientras el salvador potencial exige, para no actuar, concesiones que dejan la independencia tan etérea como el humo de la amapola. Jonathan Swift, en algún lugar del infierno de los escritores, toma notas con una sonrisa sardónica. La sátira, al final, se ha vuelto innecesaria. La realidad la supera, con creces y con tweets.

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