La noticia oficial lo presenta como otro éxito más. Un comunicado de prensa, frío y directo. Pero detrás de los datos duros, las preguntas surgen solas.
Elementos de la Secretaría de Marina, junto con policías estatales y municipales, detuvieron a un presunto infractor en Sonora. Lo llamativo no fue solo la persona, sino lo que transportaba.
Se aseguró un tractocamión con semirremolque, tres autos sedán y una carga que hace saltar las alarmas: 17,700 cartuchos útiles. El desglose es revelador: 15 cajas con mil cartuchos cada una de calibre 7.62×39 mm y dos cajas con 1,350 cartuchos cada una de calibre 5.56×45 mm.
“La persona detenida y los efectos asegurados fueron puestos a disposición ante la Fiscalía General de la República (FGR)”, señala el comunicado.
Pero aquí es donde la investigación periodística debe profundizar. ¿Un solo individuo moviendo semejante arsenal? ¿El destino final? Las autoridades callan esos detalles.
La Marina reitera su compromiso contra las actividades ilícitas. Habla de coordinación entre fuerzas federales, estatales y municipales para velar por la seguridad.
Sin embargo, el verdadero impacto de este golpe queda en el aire. Se incauta el cargamento, sí. Se detiene a un eslabón, probablemente bajo. Pero la maquinaria que ordena mover 17 mil proyectiles sigue intacta. La narrativa del éxito choca contra la persistente realidad del flujo de armas. Cada caja incautada plantea una pregunta incómoda: ¿Cuántas más lograron pasar?

















