El Glorioso Teatro del Orden y el Progreso, Acto MXLII
En el fértil y próspero estado de Sinaloa, escenario de epopeyas modernas, una joven ciudadana llamada Ana Luisa “N” tuvo la fortuna de recibir un souvenir balístico no solicitado. Este regalo, procedente de un diálogo constructivo entre servidores públicos de la Fiscalía y unos emprendedores del sector armado no regulado, transformó a la muchacha en una estadística participativa, o en el eufemismo burocrático de moda: una víctima colateral. Su delito: habitar el mismo espacio-tiempo que los defensores de la ley y el orden.
El episodio, ocurrido en la pintoresca sindicatura de Villa Juárez, Navolato, comenzó cuando los custodios de la propiedad automotriz fueron objeto de una audiencia pública no programada a base de plomo. La réplica de los funcionarios fue tan enérgica y precisa que los interlocutores, abrumados por la elocuencia, optaron por una retirada táctica, dejando como única prueba una camioneta de modelo reciente, convenientemente acribillada para facilitar la labor pericial.
El Protocolo del Daño Colateral
Tras el intercambio de argumentos persuasivos, el protocolo se activó con eficiencia burocrática: se localizó a la receptora del proyectil errante, se la trasladó a un nosocomio y, lo más crucial, la Fiscalía General del Estado abrió una investigación… sobre la joven herida. La lógica es impecable: para encontrar a los agresores, primero hay que interrogar a fondo a la agredida. Mientras tanto, los autores intelectuales y materiales del simposio balístico se evaporaron en el éter, quizá para preparar su próxima ponencia en otro foro.
La Cultura del Espectáculo se Diversifica
No todo es seriedad en el vibrante panorama local. Casi en sintonía, otros críticos del ocio regulado y los combustibles fósiles decidieron expresar su disenso. Un casino llamado “Flamingos” y una estación de servicio recibieron una lluvia de opiniones perforantes en sus fachadas. Es la segunda vez que el casino recibe tal distinción, consolidándose como un centro cultural de debate a distancia. Las autoridades, alertadas por consejos ciudadanos anónimos, desplegaron operativos de búsqueda contemplativa, que consisten en buscar intensamente sin encontrar a nadie, preservando así el misterio y la expectativa para futuras temporadas.
En este grandioso teatro donde la seguridad es una narrativa y la violencia un impuesto no oficial, la ciudadanía aprende que una bala perdida nunca está realmente perdida: siempre encuentra a alguien que no estaba en la reunión. El verdadero enfrentamiento, parece, no es entre policías y delincuentes, sino entre la realidad y el relato oficial, donde este último lleva una ventaja abismal en creatividad y desfachatez.

















