La epopeya de la grandeza desde la finca del olvido
En un giro cósmico que nadie anticipó, el exprofeta en desierto Andrés Manuel López Obrador ha emergido de su letargo en la sacra finca “La Chingada” –topónimo que los cartógrafos oficiales insisten en describir como “lugar de retiro espiritual”– para iluminar al mundo con su nuevo códice: “Grandeza”. La obra, según su autor, pretende reivindicar a los pueblos originarios, aquellos que durante su gestión disfrutaron de una reivindicación tan tangible como los espectros del México antiguo.
El volumen, nos aseguran, rescata el concepto de “civilización negada” del antropólogo Guillermo Bonfil Batalla, aplicándolo con maestría dialéctica: mientras se niegan recursos a comunidades indígenas reales, se exalta su grandeza abstracta en papel couché. Así, México se consolida como potencia mundial de la paradoja institucionalizada.
“Se trata de reivindicar a los pueblos originarios del México antiguo […] A ustedes envío un abrazo con todo mi corazón”, expresó el exmandatario, en un alarde de emotividad estratégica que omite mencionar si el abrazo incluye presupuesto, tierras o apenas reconocimiento constitucional.
La revelación ornitológico-política
La presidenta Claudia Sheinbaum, en un ejercicio de transparencia surrealista, reveló que supo del inminente advenimiento literario a través de una cadena de transmisión digna de comedia aristofánica: “Un pajarito, no… la esposa del presidente López Obrador, Beatriz, le platicó a una amiga, y una amiga platicó”. Este método de comunicación gubernamental –donde la información vuela más que las soluciones– confirma que la cuarta transformación ha creado un nuevo género: el realismo mágico burocrático.
El misterio del contenido sublime
Respecto al contenido de la obra, la mandataria admitió con candor calculado: “Sabemos que tiene que ver con el humanismo mexicano y la grandeza cultural de México, pero no sabemos nada más”. He aquí la esencia de este fenómeno editorial: un libro sobre la grandeza mexicana cuyo principal mérito es la grandiosidad de lo inespecífico, donde el humanismo brilla por su ausencia concreta y la cultura se celebra precisamente donde no se invierte.
Mientras tanto, en las librerías de luto por la crisis paperil, se preparan para recibir este tratado que promete explicar la grandeza de un país desde la perspectiva de quien la administró como si fuera una finca personal. ¡Oh, grandiosa contradicción!














