La meticulosa contabilidad del infierno
En un espectacular despliegue de eficiencia estatal, las fuerzas del orden han desbaratado lo que parecía ser una sucursal infernal con departamentos de contabilidad, logística y recursos humanos. No se trataba de una empresa cualquiera, sino de una franquicia criminal que había logrado lo impensable: burocratizar la maldad.
Detuvieron a Lesli, alias “La Cobradora”, quien llevaba con esmero proletario una libreta con los nombres de las mujeres a las que exprimía hasta la última moneda. Su crimen no fue la crueldad, sino la falta de digitalización. ¡Qué atraso llevar registros en papel!
La operación reveló la sofisticada estructura. Por un lado, la negociadora entre el “Tren Aragua” y “La Unión Tepito” –una suerte de fusiones y adquisiciones del bajo mundo–. Por otro, el operador financiero Bryan, quien no contento con lavar dinero, también lavaba conciencias proporcionando alojamiento. Un departamento de bienestar social para criminales.
Lo más hilarante –en el sentido más oscuro de la palabra– es descubrir que el crimen organizado tiene mejor organización que muchas dependencias gubernamentales. Mientras el Estado se ahoga en trámites, ellos tienen claras sus cadenas de mando, sus flujos de efectivo y hasta su programa de vivienda para empleados.
Se incautaron drogas, un arma y teléfonos. Pero el verdadero botín era esa libreta: el manual de procedimientos de la explotación. En un mundo al revés, los criminales llevan contabilidad y los burócratas, a veces, parecen improvisar.
Finalmente, siete órdenes más se cumplimentaron en diversos penales. Una red tan extendida que necesitó la participación conjunta de prácticamente todas las siglas del alfabeto estatal: SSPC, AIC, FGR, SSC, GN… Quizás el único éxito real fue demostrar que, para atrapar a una organización eficiente, se necesita otra igualmente grande y lenta.
El absurdo culmina aquí: un sistema que requiere semejante aparato para desmantelar a quienes, en esencia, han copiado su peor vicio –la burocracia– pero aplicado al negocio del sufrimiento humano.
















