Las cifras son contundentes. Un descenso del 54% en homicidios dolosos en el Estado de México entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025. La presidenta Claudia Sheinbaum lo presentó como un triunfo, destacando a diciembre como el mes más seguro. Pero detrás de cada porcentaje hay una historia, y a veces, más preguntas que respuestas.
“Los resultados reflejan la coordinación con la gobernadora Delfina Gómez Álvarez”, afirmó Sheinbaum.
La pregunta que surge de inmediato es: ¿cómo se logró esta reducción? Las autoridades hablan de coordinación y estrategias integrales. Marcela Figueroa Franco, secretaria ejecutiva del Sistema Nacional, aportó otro dato: una reducción del 32% en el promedio diario anual entre 2024 y 2025. Con esto, el estado bajó del tercer al quinto lugar nacional en víctimas.
Sin embargo, el verdadero foco parece estar en once municipios específicos. La llamada Zona Oriente, históricamente conflictiva. Ahí se implementó un Mando Unificado con casi 15 mil elementos. Los números oficiales indican que el homicidio pasó de 2.5 a 1.7 víctimas diarias en esa zona.
Pero los periodistas sabemos que las cifras agregadas pueden ocultar realidades dispersas. Omar García Harfuch detalló operativos: más de 2,400 detenciones por delitos de alto impacto, más de 500 armas aseguradas y casi una tonelada de drogas incautadas en poco más de un año.
La narrativa se complementa con programas sociales. La “Mesa de Paz” con cientos de sesiones, jornadas comunitarias que involucraron a más de 200 mil personas, y un programa de canje que retiró casi 2,000 armas. Son piezas de un rompecabezas diseñado para atacar tanto el síntoma como la causa.
“Se convertirá en una estrategia histórica para generar bienestar”, declaró la gobernadora Delfina Gómez.
Queda una capa final por examinar: la tecnología. Con miras al Mundial 2026, anuncian una inversión en inteligencia artificial para identificar personas y vehículos vinculados a delitos en tiempo real. Una herramienta prometedora cuyo impacto real se medirá a partir de abril.
La conclusión no es simple. Hay una caída estadística significativa respaldada por operativos masivos y programas sociales. Pero la pregunta persistente para cualquier investigador es: ¿esta tendencia se sostendrá? ¿Las comunidades realmente sienten esa mejora? Los números pintan un panorama alentador, pero la verdad última siempre reside en las calles, no solo en los informes.


















