El anuncio llegó después de la sangre. La gobernadora de Guanajuato, Libia Dennise García Muñoz Ledo, declaró que la seguridad en la región ha sido reforzada. Esto, tras el ataque a balazos en los campos de fútbol de Loma de Flores, en Salamanca. Once personas perdieron la vida. Otras doce resultaron heridas.
Las palabras oficiales hablan de acción inmediata. Se activó un operativo conjunto con el municipio, la Fiscalía estatal y fuerzas federales. El objetivo: atender a las víctimas, asegurar la zona y avanzar en la investigación.
“El Estado actuará con firmeza para proteger a las familias, recuperar la tranquilidad de la comunidad y dar con los responsables”, afirmó la mandataria a través de sus redes sociales.
Pero los detalles del suceso pintan una escena brutal. Fue el domingo por la tarde. Un grupo de hombres armados irrumpió en el campo y disparó contra 23 personas. Los agresores huyeron en camionetas, según los primeros reportes.
Al día siguiente, la gobernadora calificó lo ocurrido como un hecho “inaceptable” que “lastima profundamente”. Manifestó solidaridad con las víctimas y sus familias. Sin embargo, para una comunidad traumatizada, las promesas de seguridad chocan contra el miedo palpable. La pregunta que queda flotando es simple: ¿será suficiente?

















