En un acto de audacia tecnológica que dejó atónito al sector público, la Secretaría de Educación Pública ha anunciado su último hallazgo: el documento digital. Sí, han logrado subir un formulario a internet. Lo llaman la Constancia de Situación Profesional (CSP), pero en la tradición burocrática mexicana, podría renombrarse como ‘El Permiso para Pedir Permiso’.
Su propósito declarado es noble: acabar con el papel y agilizar la vida del profesionista. Porque nada agiliza más que un trámite nuevo, con portal propio, que requiere CURP, nombre completo y tiene una vigencia de… quince días. La eficiencia hecha formulario.
“Funciona como un currículum profesional digital verificable”, proclama la SEP con el entusiasmo de quien acaba de descubrir el fuego.
Lo verdaderamente revolucionario es que certifica ‘competencias transversales’ como ‘trabajo en equipo’ o ‘pensamiento crítico’. Imagina la escena: un empleador revisando solemnemente un documento oficial que afirma que Juan Pérez ‘sabe colaborar’. La burocracia dando fe de habilidades blandas es como un elefante certificando clases de ballet.
Se anuncia como herramienta contra el fraude, en un sistema donde la propia autenticidad de muchos títulos en papel sigue siendo un misterio digno de novela policiaca. Es ponerle candado digital a una puerta que a veces ni marco tiene.
Lo más glorioso es su temporalidad. Quince días de validez. Un fugaz destello de veracidad administrativa antes de que expire y todo vuelva a la neblina habitual. Es el story de Instagram de la burocracia: existe brevemente, luego desaparece.
Ya 2.5 millones se han sumado al ritual. Dieciséis mil consultas diarias para un documento que no reemplaza a los antiguos, sino que se suma a ellos. El progreso, al estilo mexicano: no quitar, solo añadir capas. La pirámide burocrática crece hacia el cielo digital, mientras en su base seguimos buscando ese sello físico que nadie sabe dónde lo puso el funcionario saliente.














