La violencia se soluciona con un registro y una CURP

En un acto de ingenio sin precedentes, el Estado ha descubierto el arma definitiva contra la violencia hacia las mujeres: más papelería. Sí, señoras. Olvídense de la justicia rápida o de presupuestos reales para refugios. El verdadero antídoto es un registro único.

La Secretaría de las Mujeres y el Renapo se han unido en una epopeya burocrática. Su misión: crear un historial impecable de cada agresión. Porque lo que una víctima realmente necesita no es seguridad, sino trazabilidad.

“Este mecanismo fortalece una atención más eficaz”, declaró una funcionaria, probablemente desde detrás de un escritorio lleno de oficios por firmar.

La pieza clave del plan es la sagrada CURP. Sin ese código de barras humano, ¿cómo podrían las instituciones coordinar su profunda preocupación? El director del Renapo lo celebró como un triunfo del derecho a la identidad. Por fin, serás violentada con todos tus datos en orden.

Se prometen estrictas medidas de confidencialidad. Por supuesto. El Estado, famoso por su discreción con los expedientes, velará por tu privacidad mientras tu agresor vaga libre. La coordinación técnica permanente entre dependencias suena reconfortante cuando huyes por tu vida.

Es la vieja fórmula mágica: ante un problema social brutal, responde con un sistema informático. Se integran bases de datos, se validan registros y, como por arte de burocracia, la violencia debería disolverse. Una alegoría perfecta del gobierno moderno: combate el fuego con actas administrativas.

Construyen así una política pública basada en información confiable. Los números serán precisos, las gráficas impactantes. Las mujeres, mientras tanto, seguirán esperando que toda esa data se transforme en algo más tangible que un informe anual bien diagramado.

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