En un acto de generosidad que dejaría pasmado al mismísimo Jonathan Swift, el gobierno mexicano se reúne hoy para decidir cuántos litros de su preciado líquido regalará al vecino del norte. Esto, mientras vastas regiones del país miran al cielo con la esperanza de una gota.
La presidenta Claudia Sheinbaum, con la serenidad de un oráculo, anunció la crucial junta. Su mensaje fue claro: paciencia. “Hoy tengo una reunión… si gustan mañana platicamos sobre eso”, expresó, posponiendo el veredicto sobre un recurso que se escurre entre los dedos de sus ciudadanos.
“Hoy tengo una reunión, ya se reunieron la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) con Conagua e incluso con los gobernadores de los estados y hoy me van a presentar la propuesta. Entonces, si gustan mañana platicamos sobre eso”
La ironía es tan espesa como el lodo de un río seco. Mientras técnicos y gobernadores analizan gráficas y porcentajes para cumplir un tratado de 1944, la realidad pinta un cuadro distinto: embalses vacíos y cultivos sedientos. La escasez hídrica, ese detalle incómodo, parece ser solo otro punto del orden del día.
Sheinbaum subrayó que solo tras la propuesta final se conocerán los términos. Una coreografía burocrática perfecta, donde la decisión de dar lo que no se tiene debe pasar por el tamiz de lo políticamente viable. El Tratado manda, la sequía suplica, y el ciudadano espera. Mañana habrá noticias.















