Musk anticipa una IA más inteligente que el humano y una revolución robótica inminente

El empresario Elon Musk, fundador de SpaceX y Tesla, utilizó su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos para trazar un horizonte tecnológico de cambios profundos e inminentes. En una conversación con Larry Fink, presidente del gestor de activos BlackRock, Musk articuló una visión que abarca desde la transición energética hasta la evolución de la inteligencia artificial y la robótica, marcando un rumbo que, según su análisis, redefinirá la sociedad en los próximos años.

En el ámbito energético, Musk defendió con contundencia la viabilidad técnica de abastecer a todo un continente con energía solar. Señaló que la tecnología necesaria ya existe y puso como ejemplo las plantas solares de China, que actualmente producen 540 gigavatios al año. Su propuesta concreta es instalar una gran planta fotovoltaica, de varios cientos de kilómetros cuadrados, en una zona de baja densidad de población, como ciertas áreas de España o Sicilia, para cubrir la demanda eléctrica de Europa. De forma análoga, sugirió que en Estados Unidos, regiones desérticas como Nevada, Utah o Nuevo México podrían albergar infraestructuras similares. Para Musk, el principal obstáculo no es técnico, sino de voluntad política y de inversión para desplegar estas soluciones a la escala requerida.

Sin embargo, el núcleo más impactante de su discurso se centró en la inteligencia artificial y la robótica. Musk hizo una proyección temporal específica: para el año 2030 o 2031, la inteligencia artificial será, en términos efectivos, más inteligente que cualquier ser humano individual. Este hito, según explicó, no implica que las personas se vuelvan prescindibles, sino que marcará el inicio de una nueva era de colaboración y capacidad aumentada. El desafío, implícito en su análisis, será gestionar esta convivencia y asegurar que la tecnología se alinee con los intereses humanos.

En un plazo aún más corto, Musk anunció que su compañía espera comercializar robots humanoides seguros y fiables para el público general “casi con total seguridad a finales del año que viene”. Esta proliferación de máquinas, predice, llevará a que en poco tiempo haya más robots que personas en el planeta. Lejos de una visión distópica, el empresario enfatizó el potencial positivo de esta tendencia, especialmente para elevar la calidad de vida global. Puso como ejemplo el cuidado de personas mayores o dependientes, un sector que sufre la presión demográfica del envejecimiento y la disminución de cuidadores jóvenes. Estos robots podrían asumir tareas asistenciales, de compañía o incluso el cuidado de mascotas, liberando tiempo humano y mejorando los servicios.

Al ser cuestionado sobre el envejecimiento humano, Musk reconoció que, aunque la tecnología podría llegar a frenarlo, no ha sido un objetivo prioritario en su trabajo. Además, expresó una reflexión crítica: una sociedad donde las personas vivieran casi eternamente podría estancarse y perder capacidad de renovación generacional, un efecto colateral que merece una profunda consideración ética y social.

La charla también tuvo momentos de carácter más personal y especulativo. Musk bromeó sobre la vida extraterrestre, sugiriendo que si hubiera un alienígena en la Tierra, “ese soy yo”, al tiempo que señaló que su constelación de satélites Starlink lo posicionaría como uno de los primeros en detectar cualquier actividad anómala. Reiteró su inspiración en la ciencia ficción y su deseo de convertir esas narrativas en realidad, un impulso que sigue guiando sus ambiciones espaciales. Su objetivo de llegar a Marte permanece intacto, aunque admitió que la duración del viaje —seis meses de ida y otros seis de vuelta— resulta disuasoria, y añadió con pragmatismo que su esperanza es “llegar a Marte, pero no estrellarse”.

La intervención de Musk en Davos no fue simplemente una lista de predicciones, sino la exposición de un modelo interconectado de futuro. La energía solar masiva sostendría la infraestructura de una civilización altamente automatizada, donde la inteligencia artificial general y los robots humanoides transformarán la economía, el trabajo y el cuidado de las personas. Su mensaje subyacente es que estas transiciones son técnicamente inevitables y que su éxito dependerá de cómo la sociedad decida implementarlas y regularlas. El momento actual, en su opinión, es el más interesante de la historia, precisamente porque la humanidad se encuentra en el umbral de dar forma a estas realidades.

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