Ni el accidente del Tren Interoceánico, ni los límites presupuestales, ni la indiferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum. Ni siquiera las quejas de la oposición. Nada frenó al gobernador Salomón Jara en su camino hacia una ratificación inédita.
Este domingo, Oaxaca se convierte en el primer estado del país en experimentar con una consulta de revocación de mandato. Pero aquí está el primer dato que hace ruido: fue promovida por sus simpatizantes, no por sus detractores.
Más de tres millones de personas fueron convocadas a casi tres mil casillas. La pregunta: ¿quieren que Jara continúe o se le revoque el mandato por pérdida de confianza?
Todo el mundo sabe que el ejercicio es, en gran medida, simbólico. Pocos esperan su destitución. Entonces, ¿cuál es el verdadero objetivo? Movilizar a la base de Morena y mostrar músculo en una región clave.
Pero la historia nunca es tan simple. Antes de que abrieran las casillas, ya había denuncias flotando en el aire.
El Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEPCO) retiró 852 lonas y cuatro anuncios espectaculares por propaganda ilegal.
Se habla del uso de recursos públicos para juntar firmas. Se señala a asociaciones civiles como ‘Defensores de la Primavera’ o ‘Guardianes de la Transformación’, creadas aparentemente para impulsar esta consulta. La oposición clama: esto es mercadotecnia política con dinero público.
Y hablando de dinero: el costo ronda los 100 millones de pesos. Un gasto considerable para un resultado prácticamente predecible.
Los cuestionamientos no terminan ahí. El gobernador enfrenta señalamientos por nepotismo, con familiares en cargos públicos relevantes. Lo que plantea una pregunta incómoda: ¿esto consolida mecanismos ciudadanos o consolida poder?
Para entenderlo hay que mirar atrás. Activistas locales evocan la movilización del 2006 y la creación de la APPO. Desde esa trinchera, argumentan que esto va más allá de Jara.
Según Flavio Sosa, secretario de Cultura del estado, “la consulta representa un paso hacia la democratización”.
Es un recordatorio, dicen sus defensores, de que la ciudadanía debe poder evaluar a sus gobernantes. Un ensayo para futuros ejercicios democráticos.
Así que este domingo en Oaxaca no solo se vota ‘sí’ o ‘no’ sobre un gobernador. Se prueba un mecanismo nuevo en medio del ruido político, se gasta una fortuna y se escribe un capítulo experimental—y polémico—de la democracia participativa mexicana.


















