Marath Bolaños López, el secretario de Trabajo, lo dejó claro: bajar la jornada a 40 horas no significa bajar la paga. Es un cambio de reglas que viene con una herramienta clave para vigilar que se cumpla.
“En ningún caso la reducción implica la reducción de sueldos, salarios ni prestaciones”, afirmó el funcionario durante una reunión con diputados.
La idea es simple: menos tiempo en el trabajo debería traer más bienestar. Menos cansancio, menos accidentes y un mejor equilibrio entre la vida personal y el trabajo. Ese es el objetivo central de esta reforma constitucional.
Hablamos de un beneficio directo para más de 13 millones de personas. La mayoría, unos 8.6 millones, trabaja entre 41 y 48 horas a la semana. Otros 2.7 millones llegan hasta las 57 horas, y más de dos millones superan las 58 horas semanales.
¿Quiénes se verán más impactados? Sectores como la manufactura, el comercio, la hospitalidad y el transporte. Para ellos, el cambio será gradual, con miras a alcanzar la meta de las 40 horas hacia el año 2030.
La nueva ley también pone límites claros al tiempo extra. Se establece un tope de 12 horas semanales con pago doble, y solo se permitirán cuatro horas extras adicionales con un recargo superior al 200%.
Otra novedad importante: los menores de 18 años tendrán prohibido trabajar horas extraordinarias. Además, la suma de la jornada normal y el tiempo extra no podrá superar las 12 horas en un solo día. Un paso firme hacia una cultura laboral más humana.














