Imagina un mundo donde cada llamada malintencionada tenga nombre y apellido. Eso es exactamente lo que busca México con su nueva estrategia de registro telefónico. Ya van más de 2.1 millones de líneas asociadas a personas reales.
José Antonio Peña Merino, titular de la Agencia de Transformación Digital, lo explica claro:
“En México era de los poquísimos países del mundo donde se podía comprar un chip sin identificarse. Esto hacía prácticamente imposible saber quién estaba detrás de una llamada de extorsión o fraude”.
El problema era simple pero grave: cualquiera podía adquirir chips anónimamente. Ese vacío legal se convertía en el campo perfecto para extorsiones, fraudes y hasta secuestros virtuales. Las autoridades seguían pistas que terminaban en números fantasmas.
La solución es radical pero necesaria: cada línea debe tener dueño conocido. No es un padrón gubernamental —aclaran— sino información que guardan las telefónicas bajo estrictas normas de protección de datos.
Lo interesante es cómo lo están haciendo:
- Presencial: llevando tu identificación a centros de atención
- Remoto: mediante fotos del INE, prueba de vida y verificación por mensaje
Y atención: no guardan datos biométricos. Las imágenes solo sirven para validar en el momento y luego se descartan.
Los plazos son clave:
- Líneas antiguas: tienen hasta el 30 de junio para registrarse
- Líneas nuevas: sin registro, no hay datos móviles
Peña Merino adelanta otra herramienta útil: pronto habrá una plataforma donde podrás consultar qué números están asociados a tu CURP (mostrando solo últimos cuatro dígitos). Así detectarás si alguien usa tu identidad.
El mensaje final es claro: esto no es sobre vigilancia, sino sobre responsabilidad. Cuando cada número tiene responsable, los delincuentes pierden su anonimato favorito. Las extorsiones ya no serán voces sin rostro.
Queda por ver cómo evoluciona este sistema, pero los primeros 2.1 millones registrados sugieren que México está decidido a ponerle freno digital al crimen telefónico.















