Imaginen un país donde conseguir un techo propio es tan difícil que la gente empieza a buscar atajos. Cualquier atajo. Y ahí, como buitres olfateando la desesperación, aparecen ellos.
Los datos son brutales: la búsqueda de remates hipotecarios se disparó un 200% en cinco años. Las nuevas generaciones, ahogadas por precios imposibles, ven en estos procesos judiciales una tabla de salvación. Pero cuidado, que el salvavidas podría tener agujeros.
“El alto costo de las propiedades y la escasez de oferta han convertido a los remates en una opción atractiva”, explica Miguel Álvarez del Castillo Herrera de AMPRO.
Atractiva sí, pero también peligrosa. Porque junto con el interés legítimo crece algo más: un ejército de charlatanes digitales prometiendo lo imposible. Hablan de descuentos milagrosos y ganancias seguras en un mercado donde nada es seguro.
La realidad es cruda: de unos 5.2 millones de inmuebles en problemas de pago, apenas un 5% tiene posibilidades reales de llegar a remate. El resto son espejismos, anuncios falsos que circulan como moneda corriente.
“Hoy es complicado comprar una vivienda y muchas personas pueden caer por cumplir ese sueño”, advierte Álvarez del Castillo.
Y caen. Perdiendo ahorros de toda una vida en transacciones fantasmas. Los expertos no se cansan de repetirlo: entre el 90% y 95% de lo que se anuncia en redes y marketplaces es pura ficción.
La receta para no ser víctima parece simple pero pocos la siguen: tratar solo con bancos o desarrolladoras reconocidas, verificar que exista resolución judicial real y desconfiar sistemáticamente de cualquier oferta que suene demasiado buena para ser verdad.
En este juego donde la ilusión choca con la realidad, los únicos que siempre ganan son los estafadores. Mientras tanto, el sueño de la casa propia para muchos se transforma en pesadilla.
















