Sheinbaum afirma que el T-MEC es vital para EU y que empresarios son sus principales defensores

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, manifestó este miércoles su firme convicción de que la relación comercial con Estados Unidos mantendrá su curso, sustentada en una integración económica profunda y estructural que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha institucionalizado. Sus declaraciones se produjeron en respuesta a las críticas recientes del presidente estadounidense, Donald Trump, quien calificó al acuerdo como carente de ventajas reales e “irrelevante”. Frente a esta postura, Sheinbaum argumentó con datos y ejemplos concretos que el tratado ha sido, por el contrario, “muy importante” para la economía de su vecino del norte.

Durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, la mandataria desglosó la naturaleza simbiótica de las economías. Subrayó que están “muy interrelacionadas, muy integradas” y realizó una afirmación clave: “quienes más defienden el tratado son los empresarios estadunidenses”. Esta defensa, explicó, tiene un origen práctico e inmediato. Numerosas corporaciones de Estados Unidos operan una extensa red de plantas de producción en territorio mexicano, una realidad que trasciende ampliamente al sector automotriz para abarcar múltiples ramas industriales. Como prueba de la confianza inversionista, citó la reciente adquisición, por un monto muy significativo, de una empresa mexicana de transformadores por parte de un consorcio estadounidense.

Sheinbaum detalló que esta integración permea prácticamente todos los sectores productivos y es el eje de las cadenas de suministro continentales. Para ilustrar esta interdependencia, recordó un incidente ocurrido a finales de 2025, cuando un conflicto con productores agrícolas mexicanos llevó al cierre temporal de un puente fronterizo en Ciudad Juárez. La presión para reabrir el cruce, relató, no tardó en llegar. “Las llamadas desde Estados Unidos… de que se abriera la frontera porque estaba afectando ya a la producción en Estados Unidos”, fueron una demostración palpable, según su análisis, de cómo cualquier disrupción en el flujo binacional tiene impactos inmediatos al otro lado de la frontera. La magnitud de este intercambio es monumental: un comercio bilateral que supera los 300 mil millones de dólares anuales y un tráfico diario de aproximadamente 400 mil vehículos.

Ante la retórica de Trump, quien ha defendido el uso de aranceles como herramienta para repatriar producción industrial, Sheinbaum optó por una estrategia de no confrontación directa. “No voy a debatir en particular, sino sencillamente la importancia que tiene para ambos países que se mantenga la relación comercial”, señaló. Más tarde reiteró esta postura pragmática: “No quisiera yo entrar en el debate directo. Yo creo que hasta ahora, con sus dificultades e incluso las restricciones que ellos han puesto, está funcionando la integración económica para ambos países”. Este enfoque busca trascender el intercambio verbal para centrarse en los hechos económicos consolidados.

La presidenta amplió la perspectiva hacia la competencia global. Sostuvo que el T-MEC es beneficioso para ambas naciones y constituye un pilar fundamental para la competitividad de América del Norte frente a otros bloques económicos, particularmente China. “Es mucho mejor que nos mantengamos como América del Norte para competir con China que solito Estados Unidos”, argumentó, destacando al mismo tiempo la productividad y capacidades de la mano de obra mexicana como un activo regional. En este contexto estratégico, su conclusión fue enfática: “Entonces es muy importante para Estados Unidos el tratado comercial”.

Mirando hacia el futuro inmediato, Sheinbaum Pardo mencionó que, una vez que se cumpla el primer año de la nueva administración estadounidense el próximo 20 de enero, contempla buscar un nuevo encuentro con el presidente Trump. El objetivo sería abordar los diversos temas pendientes en la agenda bilateral, siempre sobre la base de esa interconexión económica que, a su juicio, define y asegura la relación a largo plazo, más allá de las declaraciones políticas del momento. Su mensaje final fue de continuidad y confianza en la solidez de unos lazos comerciales que considera estructurales e irreversibles.

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