La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha subrayado la necesidad de un enfoque bilateral basado en el respeto mutuo y la responsabilidad compartida para lograr avances sustanciales en materia de seguridad. Durante su conferencia matutina, la mandataria hizo un llamado explícito a las autoridades estadounidenses, argumentando que para consolidar los resultados positivos es indispensable que ambos lados de la frontera asuman sus respectivas obligaciones.
Este posicionamiento surge en un contexto donde la cooperación en seguridad es un pilar fundamental, pero también un tema de constante revisión y ajuste entre las dos naciones. Sheinbaum presentó tres indicadores concretos que, a su juicio, demuestran la efectividad de la estrategia de seguridad implementada por el Gobierno mexicano. En primer lugar, citó un reporte de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos que indica una reducción del cincuenta por ciento en las incautaciones de fentanilo en la frontera común.
La presidenta interpretó este dato no como una disminución del flujo, sino como una consecuencia directa de la mayor eficacia de las incautaciones en territorio mexicano, lo que impediría que la sustancia llegue a la línea fronteriza. El segundo punto destacado fue la incautación masiva de más de trescientas veinte toneladas de drogas en operativos nacionales. De esta cantidad, cincuenta y una toneladas fueron interceptadas en operaciones marítimas, un ámbito que requiere capacidades logísticas y de inteligencia especializadas. Este volumen refleja la escala del desafío y los esfuerzos por interceptar los cargamentos antes de que se fragmenten para su distribución.
Como tercer resultado, Sheinbaum mencionó una disminución del cuarenta por ciento en la tasa de homicidios dolosos en México. Este indicador, aunque complejo y multifactorial, es presentado por la administración como una métrica central del progreso en la pacificación del país. La conjunción de estos tres elementos busca pintar un cuadro de una estrategia integral que ataca tanto el narcotráfico como la violencia asociada. Sin embargo, la mandataria fue más allá de enumerar logros y dirigió un mensaje claro a Washington. Señaló que el problema tiene dos caras inextricablemente unidas: la oferta y la demanda.
“Del otro lado también tiene que haber una parte, porque el consumo está allá”, afirmó, sugiriendo que el Gobierno estadounidense debe intensificar sus campañas para reducir la demanda de drogas entre su población. Pero su reclamo se extendió a otros frentes críticos, como la necesidad de una acción más enérgica contra las redes de distribución interna en Estados Unidos y, de manera crucial, contra los flujos de lavado de dinero que financian y motivan a las organizaciones criminales.
“Avanzar tiene que ver con un trabajo conjunto”, insistió Sheinbaum, remarcando que mientras las instituciones mexicanas mantienen operaciones y coordinación permanentes, es imperativo que las acciones sean recíprocas. Este planteamiento de corresponsabilidad no es nuevo, pero adquiere un tono de urgencia y claridad diplomática en el marco de la reciente comunicación entre el secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Juan Ramón de la Fuente, y su homólogo estadounidense, Marco Rubio.
En dicha conversación, ambas partes coincidieron en la necesidad de “hacer más” para enfrentar lo que definieron como “amenazas compartidas”. La postura de Sheinbaum, por tanto, trasciende la mera exposición de datos. Constituye un posicionamiento político-técnico que busca redefinir los términos de la cooperación. No se limita a responder a presiones externas, sino que presenta una contraparte: resultados medibles en interceptación y reducción de violencia, a cambio de una expectativa de que Estados Unidos actúe con igual determinación en los factores que dependen de su jurisdicción.
Es un discurso que combina la reivindicación de la soberanía y la eficacia operativa con una demanda pragmática de que la carga del combate al narcotráfico sea equitativamente distribuida, reconociendo que la raíz del problema es transnacional y su solución no puede ser unilateral.















