En el majestuoso teatro de Palacio Nacional, donde las declaraciones a menudo superan a las acciones, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo subió al escenario este miércoles. Su discurso: una obra en un acto sobre compromisos.
“Cuando se trata de violencia contra una mujer, cero impunidad”, aseguró la mandataria.
La frase, contundente, resonó en el salón. Pero el público, ese que vive fuera del palacio, espera verla traducida en hechos. Los casos que puso sobre la mesa son espinosos: Stephany Carmona, Sherlyn Manzanares y Dalila Acosta. Todas eran integrantes de la Guardia Nacional o la Secretaría de la Defensa Nacional. Todas murieron.
Sheinbaum dijo que revisará personalmente estos tres expedientes. Anunció que se van a “reforzar” los procedimientos. Explicó que cuando un elemento de la Guardia Nacional comete un delito, no solo enfrenta la justicia militar. También debe responder ante el Ministerio Público y las fiscalías correspondientes.
¿La lógica? Crear una doble barrera contra la impunidad. O al menos esa es la teoría.
La presidenta también hizo un gesto hacia la sensibilidad de sus altos mandos. Dijo que los secretarios de la Defensa y de Marina tienen un “gran reconocimiento a los derechos de las mujeres”. Y recordó que existe una área específica dentro de las Fuerzas Armadas para atender estos casos, además de un espacio similar en la Secretaría de las Mujeres para cuando el agresor es un servidor público.
Quedan las preguntas flotando en el aire después de que terminó la conferencia. ¿Será suficiente? ¿Los mecanismos anunciados lograrán lo que tantos otros han fallado en conseguir? Las familias de Stephany, Sherlyn y Dalila, y miles más, observan. No piden otro discurso. Esperan justicia.
















