La situación del vicealmirante Manuel Roberto Farías es una de esas que te hace preguntarte qué tan torcido puede llegar a ser el sistema. Desde El Altiplano, donde está detenido por su presunta vinculación con delitos de hidrocarburos, envió una carta directa a la presidenta Claudia Sheinbaum. Su petición es clara: que se haga justicia y no se fabriquen culpables.
En la misiva, Farías no se anda con rodeos. Describe su proceso como algo más que defectuoso.
“Ya que mantenerme en una celda en medio de un proceso viciado y, en ocasiones, hasta perverso, parecería más un ánimo de venganza que de justicia.”
Su tono es el de un hombre que siente que las instituciones en las que sirvió ahora se han vuelto contra él. Pide la intervención personal de Sheinbaum, dejando incluso los datos de su abogado para cualquier aclaración.
Uno de los puntos más llamativos de su defensa es la acusación sobre los fundamentos de la investigación. Alega que todo comenzó por un video de YouTube que ni siquiera existe. Según él, su caso (carpeta 5608/2025) se construyó forzando datos y usando técnicas llenas de errores.
“Y de ahí forzando una serie de datos y técnicas de investigación llenas de imprecisiones que al día de hoy les ha servido para mantenerme privado de la libertad.”
Farías va más allá y asegura que hay una campaña para arruinar su carrera. Dice que la Secretaría de Marina (Semar) lo dio de baja el 18 de diciembre del año pasado de manera ilegal, incluso antes de que terminara el proceso legal en su contra. Para él, esto no es solo un error administrativo.
“Es muestra de la mala actuación en contra de mi persona”, señaló.
Pero quizás lo más doloroso, lo que realmente marca a cualquier persona en estas circunstancias, es el impacto en su familia. Habla del daño permanente a su esposa y sus hijas menores, una huella imborrable por ser señalado por algo que asegura no haber hecho.
El vicealmirante también denuncia falta total de transparencia. Dice haber solicitado acceso a información clave para su defensa desde noviembre pasado y no haber recibido nada. Sin esos elementos, argumenta, es imposible demostrar su inocencia ante las graves acusaciones.
En resumen, Farías sostiene dos cosas: que su caso está plagado de corrupción y politización, y que diversas instancias judiciales y la propia Marina lo tratan como culpable sin pruebas sólidas. Su última línea frente a la presidenta es un llamado desesperado a revisar lo que él ve como una grave injusticia.
















