Violencia e impunidad golpean a la Iglesia en México

Las cifras son frías, pero el dolor es real. Durante los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación, han sido asesinados 13 sacerdotes. Sí, es una cifra menor a los 19 del sexenio de Enrique Peña Nieto, pero la tendencia es alarmante.

El Centro Católico Multimedial (CCM) no se anda con rodeos. En conferencia, su director Omar Sotelo Aguilar presentó un informe demoledor. Detalló que en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador fueron asesinados 10 sacerdotes. Y en lo que va de la administración de Claudia Sheinbaum, ya suman tres.

Pero el dato que realmente duele es este: > “el 80 por ciento de los homicidios de clérigos y otros delitos contra templos permanecen en la impunidad”. Ocho de cada diez casos sin resolver. Esa es la cruda realidad.

Sotelo Aguilar fue más allá al advertir sobre un fenómeno preocupante: > “la escalada de violencia de alto impacto contra espacios religiosos”. No son robos menores. Hablamos de ataques directos y planificados.

De los tres sacerdotes asesinados en este sexenio, dos eran pilares en sus comunidades. El padre Marcelo Pérez, de San Cristóbal de las Casas, y el padre Bartolo Pantaleón Estrada, de Chilpancingo-Chilapa. Eran líderes sociales, defensores activos. Su muerte no fue casual.

El director del CCM conectó los puntos: > “Estos no son hechos aislados sino síntomas de un mal mayor: la pérdida de valores y la relativización de lo sagrado”. A esto se suma, según él, una impunidad invencible alimentada por la corrupción.

Las cifras generales son abrumadoras. Mil 300 lugares de culto han sufrido algún delito. El 84% fueron robos comunes o de arte sacro. Un 10% correspondió a acciones violentas atribuidas al crimen organizado. Y un 6% fueron actos directos de sacrilegio y profanación.

En treinta años, el balance es trágico: un cardenal, 62 sacerdotes, un diácono, cuatro religiosos y 23 laicos asesinados. Entre ellos, una periodista católica.

La advertencia final es grave. Sotelo Aguilar urgió a las autoridades a actuar con contundencia e inteligencia. De lo contrario, advirtió: > “es cuestión de tiempo para que un magnicidio como el del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo vuelva a ocurrir”.

El mensaje está claro: la violencia no discrimina. Y cuando toca las puertas del templo, algo muy profundo se está rompiendo en el tejido social.

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