Neal Mohan, el director ejecutivo de YouTube, no solo hace predicciones. Presenta un plan. En su mensaje de inicio de año, dibuja un futuro donde la plataforma ya no es solo un sitio de videos, sino el núcleo mismo de la cultura digital. ¿Pero qué hay detrás de esta declaración de ambición?
“La difuminación entre creatividad y tecnología está dando paso a una nueva era que exige apuestas ambiciosas”, afirmó Mohan.
Su argumento se sostiene en tres pilares: escala, comunidad e infraestructura. Sin embargo, una investigación más profunda revela que el verdadero motor son los creadores. Mohan los llama “las nuevas estrellas y estudios”, capaces de rivalizar con la televisión tradicional. Desde el Super Bowl hasta lanzamientos globales como los de BTS, YouTube quiere ser el escenario único. Lo más intrigante es lo que dijo después:
“El creador más importante de los próximos años es alguien de quien aún no hemos oído hablar”.
Esta frase no es solo optimismo. Es una estrategia. Significa que la plataforma seguirá apostando por descubrir talento nuevo, manteniendo abiertas las puertas. Pero, ¿a qué costo? La independencia creativa que promete viene con una red de monetización cada vez más compleja. En los últimos cuatro años, YouTube ha pagado más de 100 mil millones de dólares a creadores, artistas y empresas. Para 2026, expandirá opciones como compras dentro de la app y acuerdos con marcas. YouTube Shopping permitirá comprar productos recomendados sin salir. La pregunta persistente es: ¿esta economía beneficia por igual a todos, o consolida a unos pocos? Los formatos también evolucionan. Shorts supera los 200 mil millones de vistas diarias. Pronto se integrarán publicaciones de imagen directo en el feed. Según datos de Nielsen citados por la compañía, YouTube lleva casi tres años como la plataforma número uno en tiempo de reproducción en EE.UU.
“YouTube es la nueva televisión”, declaró Mohan el año pasado.
Esa visión se refuerza ahora con YouTube TV, ofreciendo Multiview personalizable y planes especializados. La meta es clara: simplificar y dar control al usuario. Pero toda esta expansión tiene una cara menos visible: la protección del público joven. Encuestas citadas indican que YouTube ayuda al aprendizaje. Para 2026, facilitará cuentas infantiles y ampliará controles parentales, incluyendo una medida inédita: limitar o bloquear el consumo de Shorts. Finalmente, está la inteligencia artificial. Mohan subraya que debe ser una aliada creativa, no un reemplazo. En diciembre, más de un millón de canales usaron herramientas con IA a diario. Sin embargo, la plataforma promete reforzar protecciones contra deepfakes y contenido sintético dañino. La narrativa oficial es de crecimiento e innovación inclusiva. Pero al conectar los puntos —la inversión masiva, el control sobre nuevos formatos, la regulación del contenido juvenil— surge una imagen diferente: YouTube no solo quiere albergar la cultura digital; busca definir sus reglas, moldear su economía y proteger su territorio ante cualquier disruptor futuro.

















