A sus 81 años, Oscar García recorre las calles de Remedios de Escalada, Argentina, vendiendo manzanas caramelizadas desde su bicicleta. Lo hace con dolor en las piernas, pero con una voluntad inquebrantable.
Oscar trabaja para poder cubrir los gastos médicos de su esposa Sergia, quien sufrió un derrame cerebral, ya que su pensión no es suficiente. Tras más de 30 años en una fábrica de calzado, hoy anuncia su venta tocando una corneta, un sonido que ya se ha vuelto familiar y lleno de significado en su comunidad.
Después de 65 años de matrimonio, Oscar se ha convertido en un ejemplo de perseverancia, dignidad y amor verdadero. Su historia nos recuerda que, incluso en los momentos más difíciles, el amor no se rinde: se hace más fuerte.

















