El sueño eléctrico se apaga en México

La promesa de un futuro eléctrico en las carreteras mexicanas está chocando contra un muro de realidad. Un nuevo estudio revela una caída preocupante en el interés de los consumidores. ¿Qué pasó con la revolución verde sobre ruedas?

La firma EY acaba de publicar su Mobility Consumer Index 2025. Los números son elocuentes: la intención de compra de un auto híbrido o eléctrico en los próximos dos años cayó al 23%. El año pasado era del 32%. Mientras, el interés por los vehículos de combustión tradicional repuntó al 60%.

Carlos Zegarra, socio líder de EY Latinoamérica, lo explica sin rodeos:

“Hoy vemos que el precio, la disponibilidad y la percepción de confiabilidad se ponderan más que la adopción acelerada de nuevas tecnologías. El reto para la industria no es solo tecnológico, sino de confianza y de infraestructura.”

La investigación periodística detrás de estos números apunta a tres frenos principales. Primero, una infraestructura de carga que simplemente no da abasto. El 34% señala la escasez de carga pública y el 32% la doméstica como obstáculos clave. Para quienes intentan usar la red pública, es una odisea: el 43% reporta largas esperas y cargadores bloqueados.

Segundo, la geopolítica entra en juego. El 40% de los compradores potenciales está retrasando o reconsiderando su compra debido a tensiones internacionales que derivan en reducción de producción y cuellos de botella logísticos.

Tercero, hay un cambio silencioso en las preferencias de marca. Los encuestados muestran menos interés por las marcas estadounidenses y más por las asiáticas (excluyendo a China). Las marcas del Asia Pacífico dominan con un 83% de preferencia, aunque las chinas subieron al 17% gracias a precios competitivos.

Pero aquí está la revelación que muchos no ven venir. Zegarra advierte:

“El enfriamiento a la intención de compra no significa que va a disminuir la cantidad de vehículos eléctricos e híbridos en el país… pero ya no va a ser tan alto como se esperaba.”

El mercado se fragmenta. Ya no se trata solo de electricidad versus gasolina. Los consumidores buscan opciones reales para sus bolsillos y su vida diaria. Mientras tanto, incluso el proceso de compra cambia: solo el 44% prefiere ir presencialmente a un concesionario, frente al 65% del año pasado.

La conclusión es clara: México quiere ser verde, pero necesita carreteras listas para ello. La transición será más lenta y complicada de lo anunciado. La verdadera revolución no está en el motor, sino en construir la confianza para usarlo.

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