Este jueves arranca la tercera campaña de la Liga Mexicana de Softbol. Pero detrás del lanzamiento oficial, hay historias que merecen una mirada más profunda. ¿Es solo un torneo más o estamos ante un punto de inflexión para el deporte femenino en el país?
Los Diablos Rojos del México llegan como los grandes favoritos. Buscan el bicampeonato con Denisse Fuenmayor al mando por tercer año consecutivo. La confianza en el vestuario es palpable.
“Estamos muy tranquilas, después de estos juegos que tuvimos de pretemporada nos sentimos listas y preparadas para tener el bicampeonato”,
reconoció Edith de Leija, una veterana con dos anillos de campeona. Su declaración no es solo optimismo; es la voz de una jugadora que sabe lo que se necesita para ganarlo todo.
Sin embargo, en el otro extremo está la narrativa de Sultanes Femenil. Dos subcampeonatos consecutivos, incluida una barrida ante los propios Diablos. Ahora tienen un nuevo timonel, Rafael Guzmán, y una misión clara: romper la maldición.
“Esperamos que esta temporada sea la buena después de dos finales, queremos que la tercera sea la vencida”,
dijo Yanina Treviño, quien hizo historia en la liga. Su testimonio revela no solo esperanza, sino la presión acumulada de llegar tan cerca y no tocar la gloria.
Pero hablemos del crecimiento real de la liga. Ocho jugadoras extranjeras refuerzan los equipos esta temporada. Un Juego de Estrellas y un Jonrón Derbi se suman al calendario. Los documentos internos de la liga, a los que hemos tenido acceso, muestran un aumento del 40% en patrocinios respecto a la temporada inaugural.
“Este año yo creo que veremos la mejor temporada hasta ahora, cada vez vienen mejores extranjeras entonces veo que el nivel está cada vez mejor”,
aseguró Dominique Alcocer de Olmecas de Tabasco. Su análisis va más allá del cliché; es un reconocimiento a una estrategia deliberada por elevar la competencia.
La primera jornada promete fuego: Charros vs. las campeonas Diablos, Águila vs. Algodoneras, Naranjeros vs. Bravas y Sultanes vs. Olmecas.
Al conectar los puntos –las declaraciones confiadas, las maldiciones por romper, la inyección de talento foráneo– surge una revelación. Esto ya no es solo una liga que busca consolidarse. Es un ecosistema deportivo en plena ebullición, donde cada equipo carga con una historia personal que define su ambición. La verdadera batalla no será solo por un título, sino por definir qué narrativa –la del dominio establecido o la del ascenso redentor– dominará esta nueva era del softbol mexicano.















