De la fiesta al homenaje: vidas paralelas en la música popular

La vida, en su cruel sentido del humor, a veces escribe guiones que ningún productor se atrevería a filmar. Mientras en Zacatecas sonaban las mañanitas y un caballo era el regalo estrella para Christian Nodal, en Bogotá miles coreaban con el corazón apretado las canciones de Yeison Jiménez, el hombre que ya no estaría para celebrar su propio retiro.

“Yo soy un vagabundo / Que ando por el mundo / Derrochando amor”,

cantaba Nodal frente al espejo en su homenaje digital, usando los versos del colombiano como banda sonora de un momento íntimo. La letra, que habla de una vida despreocupada, resonaba con ironía ante la noticia fresca de la tragedia.

El domingo, El Campín se llenó sin que nadie tocara la puerta. Fue un acto de amor colectivo, una descarga emocional para una comunidad que perdió a uno de los suyos. Sombreros, ponchos y globos blancos pintaron un cuadro que osciló entre el velorio y la celebración. Allí mismo, donde Jiménez había reunido a 40 mil almas el año pasado.

Mientras tanto, lejos del llanto bogotano, los padres de Nodal brillaban por su ausencia en la fiesta familiar. Un detalle que no pasó desapercibido en el gran teatro de las redes sociales, siempre ávidas de contrastes y narrativas enfrentadas.

Jiménez, el niño que trabajó en Corabastos y soñó con retirarse a los 35 para disfrutar lo construido, se fue cuando el éxito empezaba a madurar. Dejó una fundación y un vacío enorme en la música popular colombiana.

Dos países, dos historias, un mismo género musical tejiendo conexiones inesperadas. La parranda terminó para uno, mientras para otro continúa con regalos extravagantes y canciones prestadas. Así es este negocio: a veces te canta las mañanitas y otras te corea el adiós.

Temas Relacionados:

RELACIONADOS

Ultimas Publicadas

Matamoros

¿QUÉ PASO AYER?

Scroll al inicio