El grito de Billie Eilish contra el ICE que sacudió los Grammy

En la alfombra roja más importante de la música, Billie Eilish decidió que no sería solo otra noche de premios. Mientras recibía el Grammy a Mejor Canción del Año por “Wildflower”, algo más estaba a punto de florecer: una protesta directa y sin filtros.

Su discurso de agradecimiento se transformó en algo completamente distinto. Con un pin que decía “Ice out” en su ropa, la artista miró a las cámaras y lanzó la consigna: “Nadie es ilegal en tierra robada”. Pero no se detuvo ahí.

“Las voces y las personas importan”, declaró, instando a la audiencia a no guardar silencio. Y luego vino el remate, crudo y directo: “Fuck ICE”.

El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) había sido señalado días antes por la muerte de Alex Pretti y Renee Nicole Good en Minneapolis. Eilish conectó esos puntos ante millones de espectadores.

La reacción no tardó en llegar desde el campo conservador. El actor Rob Schneider, conocido por su apoyo a Trump, tomó sus redes sociales para lo que él llamó “señalar incongruencias”.

“¡Su sauna, su piscina y su cerca de alambre de púas están en tierra robada!”, escribió Schneider junto a fotos de lo que describió como una mansión de lujo de Eilish.

Incluso sugirió, con ironía mordaz, que la cantante “devolviera la propiedad a agentes inmobiliarios de Beverly Hills”. Para reforzar su punto, compartió un video viral donde una influencer expresaba apoyo a las fuerzas del orden durante los aplausos contra el ICE.

Pero aquí está lo que Schneider quizás pasó por alto: mientras cuestionaba la coherencia personal de Eilish, validaba involuntariamente el poder disruptivo de su mensaje. Porque cuando un discurso en los Grammy genera este nivel de reacción política, ha trascendido el ámbito del entretenimiento.

Lo que comenzó como un momento en el escenario se convirtió en un espejo fracturado del debate migratorio estadounidense. Un debate donde las propiedades de lujo y las consignas políticas chocan frente a una audiencia global.

Eilish no solo ganó un Grammy esa noche. Ganó un megáfono. Y decidió usarlo para gritar algo que muchos prefieren susurrar.

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