La noticia llegó como un golpe seco. Kianna Underwood, quien con solo 11 años iluminó las pantallas en All That, murió atropellada en Brooklyn. Tenía 33 años. Pero los detalles oficiales esconden una historia más oscura, una que huele a negligencia criminal.
Según el NYPD, todo ocurrió en una esquina de Brownsville. Una camioneta negra la impactó primero. Luego, mientras yacía indefensa en el pavimento, un segundo auto la golpeó. La pregunta que quema es: ¿cómo es posible que dos conductores consecutivos opten por lo mismo?
Ambos conductores abandonaron la escena y no han sido identificados.
Esa línea del comunicado policial es el corazón de este misterio. Dos personas decidieron huir, dejando atrás a una mujer herida de gravedad. No hubo frenada de emergencia, ni llamada al 911, ni remordimiento aparente. Solo neumáticos chirriando hacia la noche.
La investigación está abierta, pero las cámaras de seguridad en esa zona son escasas. Testigos hablan de vehículos que aceleraron sin mirar atrás. La policía busca pistas entre fragmentos de pintura y posibles registros de tráfico, pero el rastro se enfría con cada hora que pasa.
El contraste con su vida pública no puede ser más brutal. Underwood no era una celebridad olvidada; su voz dio vida a Fuschia Glover en Little Bill durante cinco años, y su talento la llevó a la gira nacional de Hairspray. Su último crédito fue ese programa que lanzó a tantos rostros conocidos.
Ahora, su legado queda empañado por una muerte evitable y una justicia esquiva. La verdadera investigación no solo debe encontrar a los conductores, sino responder por qué nuestra sociedad permite que alguien sea abandonado dos veces en la misma calle.

















