Tiempo de jacarandas revive el tabú del VIH en el cine mexicano

El silencio tiene fecha de caducidad. Tres décadas después de que películas como Sólo con tu pareja o Bienvenido Welcome abordaran el tema en México, una nueva cinta regresa a los años ochenta, cuando el sida era sinónimo de pánico y estigma.

¿Por qué ahora? ¿Qué nos obliga a mirar atrás? Tiempo de jacarandas, la ópera prima de Francisco Sánchez Solís, no es solo un drama familiar. Es una excavación en una capa de la historia social que muchos prefieren olvidar.

La trama gira alrededor de una familia que se enfrenta a lo desconocido: el hijo mayor está enfermo. En una época donde la información escaseaba y el rechazo era la norma.

“Es un drama familiar ambientada en esa época, donde el hijo mayor está enfermo de sida y hay mucha condena. La familia no sabe cómo tratar el tema, hay ignorancia y mucho miedo”,

comenta Karina Gidi, quien interpreta a la madre. Sus palabras no describen solo un guion; describen un clima social real, documentado pero poco revisitado en pantalla.

El director, Sánchez Solís, viene del género de terror (No me sigas, Párvulos). Ahora aplica esa mirada intensa a un terror distinto: el social. El miedo al otro, al contagio, a lo desconocido.

El proyecto ya está rodado y en posproducción. Con un elenco que incluye a Alejandro Puente, Gerardo Trejoluna y la rockera Cecilia Toussaint, busca su espacio en festivales y salas.

La pregunta persiste: ¿por qué el cine dejó de hablar del tema después de los 90? Películas como Dallas Buyers Club (2013) fueron excepciones. Tiempo de jacarandas parece querer llenar ese vacío narrativo.

“Es importante que haya este tipo de historias, para que la gente vea que las cosas han cambiado”,

defiende Gidi. Pero quizás su verdadera importancia sea recordarnos lo que no ha cambiado del todo: los prejuicios que emergen ante cualquier crisis sanitaria.

Esta no es solo una película sobre el pasado. Es un espejo incómodo para nuestro presente. Un recordatorio de cómo reaccionamos colectivamente ante las enfermedades, la desinformación y el miedo al diferente.

El estigma puede ser más contagioso que cualquier virus. Y esta cinta parece decidida a ponerlo bajo los focos.

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