El Gran Teatro Fronterizo de la Geopolítica Latinoamericana

El Gran Teatro Fronterizo de la Geopolítica Latinoamericana

En un alarde de originalidad geopolítica que hubiera maravillado a los bufones de la corte medieval, el presidente interino peruano José Jerí ha decidido resolver los complejos flujos migratorios con la solución universal de los estadistas mediocres: enviar soldados a mirar maletas. El mandatario, en un arrebato de creatividad gubernamental, convocó urgentemente a su Consejo de Ministros para declarar lo que cualquier alumno de primer año de ciencia política reconocería como el estado de emergencia perpetuo que caracteriza a nuestras repúblicas bananeras posmodernas.

Nuestras fronteras se respetan“, tuiteó el estadista desde la comodidad de su palacio presidencial, en lo que constituye la versión sudamericana del “Háganse respetar” que los padres gritan a sus hijos desde el sofá. La genial estrategia consiste en redoblar esfuerzos con las Fuerzas Armadas, porque nada soluciona mejor un problema humanitario que poner a jóvenes con fusiles a vigilar a familias hambrientas.

La Lógica Impecable del Tanque Versus Migrante

El domingo, el visionario Jerí reveló su masterplan: militarizar las fronteras del sur para combatir la violencia. Porque todos sabemos que cuando se tiene un martillo, todos los problemas parecen clavos, y cuando se tienen tanques, toda crisis social parece una invasión extranjera. La brillante ecuación: más armas + más soldados = menos comprensión de las causas estructurales de la migración.

Mientras los uniformados practican su mirada intimidante frente a mujeres y niños, las autoridades chilenas, en un ejercicio de hipocresía diplomática magistral, intensifican lo que llaman “diálogos para evitar crisis humanitaria“. Traducción: “Por favor, señores peruanos, no manden a sus pobres a donde mandamos a los nuestros”.

El Contexto: Elecciones y Enemigos Convenientes

Este drama fronterizo coincide milagrosamente con la campaña presidencial chilena, donde el ultraderechista José Antonio Kast promete una solución tan elegante como inhumana: expulsar a todos los indocumentados. En un mensaje que mezcla la sensibilidad de un capataz de plantación con la elegancia de un anuncio de cuenta regresiva, el candidato advirtió: “Quedan 103 días para que ustedes salgan voluntariamente de nuestra patria”. Porque nada dice “amor al prójimo” como un ultimátum migratorio.

El Absurdo Made in Frontera

El espectáculo alcanzó su climax tragicómico cuando migrantes desesperados bloquearon vías para protestar por no poder cruzar a un país que los recibe con militares. La respuesta chilena fue de una lógica circular digna de Kafka: enviaron a Carabineros para desalojar a quienes no pueden entrar a Perú porque Perú los rechaza. Una coreografía burocrática perfecta donde todos pierden menos los políticos que obtienen titulares.

El ministro Cordero declaró con solemnidad que la “única forma” de abordar esta situación es mediante la “cooperación entre países fronterizos“, lo que en la práctica significa coordinarse para ver quién se queda con menos pobres indeseables.

Mientras tanto, las estadísticas muestran la verdadera magnitud del “problema”: Chile tiene ahora 8,8% de población migrante, cifra que algunos presentan como una invasión apocalíptica y que otros países civilizados considerarían un porcentaje manejable. Pero para qué buscar soluciones integradoras cuando podemos tener discursos patrioteros, medidas militaristas y crisis humanitarias perfectamente evitables.

En el gran teatro de lo absurdo que es la política fronteriza latinoamericana, los únicos que no tienen guión son los migrantes, condenados a representar el papel de villanos en una obra que no escribieron y cuyo desenlace les es sistemáticamente adverso.

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