La ingeniosa maquinaria de los contratos que compraban voluntades

En un giro que nadie, absolutamente nadie, pudo prever, la siempre pulcra y ejemplar esfera política colombiana se ve sacudida por la revelación de una sofisticada operación de altruismo administrativo. La Fiscalía, en un acto de comprensible perplejidad, ha tenido que imputar a dos exministros, los señores Ricardo Bonilla y Luis Fernando Velasco, por presuntamente perfeccionar un sistema de intercambio simbiótico entre el erario público y la voluntad legislativa.

Los Mecanismos de una Filantropía Estratégica

Según los investigadores, esta innovadora metodología de cohesión gubernamental funcionaba con precisión suiza: a cambio de apoyo parlamentario para las iniciativas del ejecutivo, se otorgaban contratos de infraestructura y gestión de riesgos a los honorables congresistas. Una suerte de programa de estímulo para la lealtad, financiado con los impuestos de todos, que demostraría un avanzado entendimiento de la teoría de incentivos. Las comunicaciones y reuniones descubiertas no serían más que las minutas de trabajo de un comité de beneficencia política operando en la sombra por el bien superior.

La Defensa de los Preclaros Administradores

Frente a estos malentendidos, los acusados han esgrimido una defensa tan sólida como el hormigón de las obras no construidas. Aseguran que sus acciones solo perseguían prioridades nacionales y seguían los procedimientos burocráticos al pie de la letra. La mera sugerencia de que hubiera intercambios de favores es, según ellos, una vil distorsión de su incansable labor por llevar desarrollo a las regiones más olvidadas, incluso si los caminos parecían llevar, curiosamente, primero a los bolsillos de ciertos aliados estratégicos.

La Red que Teje la Unidad Nacional

El escándalo, como un fino tapiz de corrupción, se extiende más allá. Involucra a exfuncionarios de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y a antiguos presidentes del legislativo. La tesis fiscal sugiere que esta red de mutuo auxilio operó durante meses, encontrando en los vacíos normativos y la desesperada necesidad de las comunidades no un problema, sino una oportunidad de negocio político. Una verdadera lección de cómo transformar la vulnerabilidad ciudadana en el más rentable de los capitales: el capital político.

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