El Gran Decreto de la Sed Eterna

El Gran Decreto de la Sed Eterna

Foto: El Universal.

En un sublime acto de clarividencia gubernamental, docenas de labriegos, esos obstinados individuos que insisten en cultivar alimentos, se congregaron en el corazón de Chihuahua. Pertenecientes a la insurrecta cofradía de ‘Agricultores Unidos’, estos seres anclados en el arcaico concepto de la subsistencia, osaron manifestar su descontento con la luminosa Ley de Aguas Nacionales. Una iniciativa tan visionaria que, sin duda, fue concebida por mentes que consideran la hidratación un lujo y no una necesidad vulgar.

La procesión de queja se dirigió al sagrado recinto del Congreso Local, ese templo donde se forjan los destinos hídricos de la nación entre cafés y discursos. Su misión era tan simple como patética: suplicar a sus excelsos representantes que voten en contra de una normativa diseñada para su propio beneficio, demostrando una vez más la proverbial ingratitud del pueblo hacia sus benefactores.

Los indignados arribaron montados en sus ruidosos artefactos de labranza, esas máquinas que perturban la paz de los centros urbanos, y desplegaron lienzos con mensajes subversivos del tipo “No a la Ley de Aguas Nacionales“. Una consigna de una simpleza pasmosa, carente de la complejidad retórica que caracteriza a los decretos oficiales.

La Insólita Lógica de los Cultivadores

Según la peculiar cosmovisión de estos productores y ganaderos, la magnánima Ley General de Aguas, enviada recientemente por la mandataria Claudia Sheinbaum al Congreso de la Unión, no sería el maná legislativo que todos esperábamos. Alegan, con una lógica terrenal y carente de vuelo poético, que este nuevo ordenamiento jurídico les impediría traspasar concesiones de uso del líquido vital para riego entre familiares. Es decir, se atreven a cuestionar el sagrado derecho del Estado a decidir quién puede heredar una gota de agua, como si los lazos de sangre tuvieran alguna prelación sobre el interés nacional.

Pero la herejía no termina ahí. También profetizan, con un alarmismo digno de mejor causa, que se prohibirían los presones en los ranchos, lo que según su limitado entendimiento, aniquilaría la actividad ganadera. ¡Como si el futuro de la proteína nacional dependiera de unos simples estanques de agua lluvia! La verdadera ganadería, la del mañana, sin duda florecerá en terrenos yermos, alimentándose del rocío matutino y la buena voluntad estatal.

El Divino Desdén Legislativo

Provenientes de la región centro-sur de Chihuahua, estos peticionarios anhelaban ser recibidos por algún legislador para exponer sus necesidades e inquietudes. Una pretensión tan conmovedora como ingenua, que supone que los forjadores de leyes tienen tiempo para escuchar las triviales preocupaciones de quienes se dedican a algo tan mundano como producir el sustento de la patria. Después de todo, la verdadera labor parlamentaria consiste en promulgar normas, no en entender sus consecuencias sobre el terreno árido y polvoriento de la realidad.

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