El ‘Mini Lic’, condenado otra vez mientras su pasado lo alcanza

La sentencia parece clara: cinco años más tras las rejas por intentar mover fentanilo. Pero detrás del fallo judicial contra Dámaso López Serrano, el ‘Mini Lic’, se esconde una madeja mucho más compleja. Una que involucra a un testigo protegido, un asesinato periodístico sin resolver y una puerta giratoria entre la cárcel y la calle que deja más preguntas que respuestas.

¿Cómo es posible que alguien bajo la supervisión federal, un colaborador de la DEA, terminara negociando la importación de una sustancia letal desde México? Los documentos judiciales pintan un cuadro inquietante. En 2024, recién mudado a Virginia tras obtener la libertad condicional, López Serrano comenzó a tratar con quien creía un socio. Era, en realidad, un informante del FBI.

“López Serrano le aseguró al informante que tenía gente en el sur de California que podía distribuir fentanilo”, detallan los registros de la corte.

Lo más revelador fue su método de financiamiento: la venta de propiedades familiares en México. Esto sugiere conexiones y recursos que sobrevivieron a su primera condena y a su supuesta cooperación. Su captura llegó a finales del año pasado, cuando creía estar cerrando un trato.

Sin embargo, la sombra más larga no es la del fentanilo, sino la de un crimen en territorio mexicano. El ‘Mini Lic’ es señalado como autor intelectual del asesinato del periodista Javier Valdéz en 2017. México ha pedido su extradición por este caso, pero Estados Unidos se había negado sistemáticamente, escudándose en su estatus de testigo protegido.

Ahora, con esta nueva condena firme, esa negativa podría revisarse. La sentencia del juez Anthony Trenga podría ser el punto de inflexión que México esperaba. López Serrano compareció ante el tribunal con uniforme de prisión y pelo rapado. Sus palabras fueron de arrepentimiento.

“No hay palabras para expresar lo arrepentido que estoy”, declaró mediante un intérprete. “Mi deseo más profundo es volver con mi familia y demostrarles que he cambiado”.

Son frases casi idénticas a las que pronunció durante su primera condena. Promesas de una ‘nueva vida’ que chocan frontalmente con la realidad de los hechos: negociar fentanilo mientras estaba bajo supervisión federal.

La verdadera investigación periodística aquí no solo sigue el hilo del narcotráfico. Sigue el hilo de la impunidad. ¿Hasta qué punto protege el sistema judicial estadounidense a testigos cuyas propias acciones los vuelven a comprometer? ¿Qué peso tendrá finalmente la justicia mexicana frente al asesinato de Javier Valdéz?

La sentencia de cinco años es solo el capítulo más reciente. El libro completo sigue abierto, y sus páginas finales podrían escribirse en un tribunal mexicano.

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