Hallan en México un nuevo dinosaurio carnívoro del Cretácico

La paleontología mexicana acaba de sumar un capítulo fascinante. En las rocas de Coahuila, con 74 millones de años a cuestas, científicos descubrieron los restos de un depredador hasta ahora desconocido: el Xenovenator espinosai.

El hallazgo, publicado en la revista Diversity, no es solo otro fósil. Representa una pieza clave para entender la evolución de los dinosaurios en Norteamérica. Y confirma que México fue un escenario central en esta historia antigua.

Un equipo internacional, liderado por paleontólogos del Museo del Desierto y la Universidad Humanista de las Américas, hizo el trabajo pesado. Analizaron un cráneo excepcionalmente bien conservado y otros fragmentos usando incluso tomografía computarizada.

“El estudio se basa principalmente en un endocráneo excepcionalmente bien preservado… que permitió identificar una combinación única de caracteres anatómicos”, explicó Héctor Rivera-Sylva, jefe de Paleontología del Museo del Desierto.

¿Qué encontraron? Un dinosaurio de la familia Troodontidae, pariente cercano de las aves. Se estima que medía más de 3 metros y pesaba unos 160 kilos. No era cualquier cazador.

“Poseía ojos muy grandes, lo que le permitía cazar con precisión incluso en condiciones de poca luz. Contaba con un oído muy desarrollado”, detalló Rivera-Sylva.

Su cerebro era grande para su cuerpo, lo que sugiere comportamientos complejos. Sus dientes finamente serrados hablan de una dieta especializada. Pero lo más revelador está en sus conexiones.

La morfología del Xenovenator muestra afinidades con formas asiáticas. Esto aporta nueva evidencia de intercambios faunísticos entre Asia y Norteamérica durante el Cretácico Tardío. Un mundo conectado mucho antes de los vuelos transoceánicos.

“El descubrimiento demuestra que el registro fósil mexicano aún guarda una diversidad significativa por descubrir”, señaló el doctor Rivera-Sylva.

El nombre honra su naturaleza: Xenovenator significa “cazador extraño”. El epíteto espinosai rinde homenaje a Luis Espinosa, pionero de la paleontología mexicana. Él mismo estuvo en la presentación y reflexionó sobre la memoria guardada en la piedra.

Este fósil no solo amplía el mapa de distribución de los pequeños carnívoros. Abre ventanas para hipotetizar sobre su comportamiento, biomecánica y ecología en el norte mexicano prehistórico. La roca sigue hablando, y ahora tenemos un nuevo protagonista en su relato.

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