La gran ópera bufa del sistema de salud universal

En el majestuoso teatro de la Mañanera, la Presidenta Claudia Sheinbaum volvió a entonar el aria favorita de su administración: la promesa de un sistema de salud universal. Un coro de siglas—IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar—acompaña siempre esta pieza, aunque el público sigue esperando que la función realmente comience.

“La atención ha mejorado”, declaró la maestra, presentando como prueba un aumento del 60% en cirugías. Una estadística tan sólida y reconfortante como un vendaje de gasa en una hemorragia arterial.

La narrativa oficial es una épica donde los villanos tienen nombre y apellido: Zedillo, Salinas, Fox. El expresidente priista descentralizó el servicio, argumenta Sheinbaum. Fox inventó el “famoso Seguro Popular, que en realidad, como decía el presidente López Obrador, ni era seguro ni era popular”.

Aquí la sátira se escribe sola. Un programa que llevaba la palabra “Seguro” en su nombre pero que, según las nuevas crónicas, nunca aseguró a nadie. Su verdadero propósito, nos ilustra Zoé Robledo, titular del IMSS, era otro:

“Era una forma de financiar a las secretarías de salud de los gobiernos de los estados… El Seguro Popular nunca atendió a nadie.”

El relato continúa con una imagen poderosa: el “cementerio de elefantes blancos en obra negra”. Noventa hospitales iniciados en épocas neoliberales, fantasmas de concreto que nunca abrieron sus puertas. Proyectos licitados con “tiempos y montos imposibles”, que al día siguiente de ganar la obra ya pedían más tiempo o más dinero.

La moraleja es clara: antes era el desastre, la corrupción y los elefantes blancos. Ahora es la redención federalizadora. El IMSS-Bienestar llega como caballería a rescatar esas construcciones abandonadas.

Sheinbaum concluye con un principio incuestionable: “Lo público tiene que ser de absoluta calidad y atención digna”. Un mantra loable, un objetivo noble. La verdadera comedia—o tragedia—radica en la distancia abismal entre esa declaración y la experiencia cotidiana de millones en los pasillos de hospitales.

Mientras tanto, la presidenta nos consuela con un dato cosmopolita: en Reino Unido también hay listas de espera para cirugías programadas. Al fin, consuelo: nuestro sistema no está solo en su disfuncionalidad. Comparte el escenario global del absurdo.

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