En un giro que nadie vio venir, la Iglesia católica ha descubierto que México tiene problemas. Sí, ese país donde todo marcha sobre ruedas y la paz florece en cada esquina.
Resulta que según su editorial Desde la Fe, la nación necesita urgentemente un “abrazo espiritual”. Porque claro, lo que faltaba ante fosas clandestinas y cadáveres en las calles era un buen apretón metafísico.
La nación requiere “un abrazo espiritual” que recuerde a la sociedad su dignidad y responsabilidad como comunidad.
Lo más divertido viene después: la misma institución que durante siglos ha tenido problemas para identificar pecadores dentro de sus filas ahora pregunta cuántos bautizados participan en desapariciones, asesinatos y corrupción. La autorreflexión llega solo dos mil años tarde, pero mejor tarde que nunca.
El mensaje del Papa León XIV -cuyo nombre suena sospechosamente a personaje de novela histórica- sería especialmente necesario. Porque México necesita que le recuerden cosas básicas como “no matar” o “tratar con dignidad a los migrantes”. Cosas que, se supone, ya sabíamos.
La perla final: no hay que esperar una visita papal para cambiar. Podemos empezar ahora mismo a ignorar el sufrimiento ajeno con renovado entusiasmo cristiano. O quizás al revés -la sátira a veces confunde los mensajes originales con sus parodias.
México necesita esperanza, dicen. Lo cual es cierto. Lo irónico es quién lo dice y después de cuánto tiempo.
















