Localizan a Erika Camila, la niña sustraída tras el feminicidio de su madre y abuela

Las autoridades del Estado de México confirmaron la localización de Erika Camila, la niña de tres años que había sido sustraída tras el brutal asesinato de su madre y su abuela en el municipio de Cuautitlán. La menor fue encontrada sana y salva y, siguiendo los protocolos establecidos para la protección de la infancia, fue puesta bajo custodia oficial para ser entregada a su familia materna. Este desenlace pone fin a horas de angustia e incertidumbre, aunque la investigación para capturar al presunto responsable, identificado como el padre de la niña, continúa con toda intensidad.

 

La alcaldesa de Cuautitlán, Juana Carrillo Luna, fue quien dio la noticia a través de sus redes sociales en la madrugada de este miércoles. “De corazón informo que la nena Erika Anaya, fue entregada, la autoridad la tiene en custodia. ¡Dios nos escuchó! ¡Exigimos justicia!”, escribió la funcionaria. Sus declaraciones previas, tras reunirse con familiares de las víctimas, habían arrojado luz sobre el contexto de violencia que precedió a la tragedia. Carrillo Luna detalló que la madre de la menor había huido a casa de su propia madre en busca de refugio, escapando de una violencia que, según sus palabras, “ya era bastante recurrente” por parte de su pareja.

 

El caso se originó el martes, cuando vecinos del poblado de San Francisco Cascantitla alertaron a la policía tras escuchar el llanto de un niño desde el interior de una vivienda. Al acudir al lugar, los agentes se encontraron con la escena del doble feminicidio y con un menor, presuntamente un hermano de la niña desaparecida, que fue rescatado. Inmediatamente, se desplegó un operativo de búsqueda para localizar a Erika Camila, de quien se sospechaba había sido llevada por su padre, el principal implicado en el crimen.

 

La rápida movilización de las autoridades y la presión pública, incluyendo un llamado directo de la alcaldesa a la familia paterna, fueron factores cruciales para el hallazgo de la pequeña. “A los familiares de este señor, sean conscientes de que ustedes son los primeros que tienen que velar por esa pequeña y que, si saben dónde se encuentra, denúncienlo”, había exhortado Carrillo Luna horas antes de la localización. Este episodio subraya la compleja dinámica que suele rodear los casos de violencia familiar extrema, donde el agresor utiliza a los hijos como un instrumento de control y venganza final.

 

La recuperación de la niña, si bien es un alivio inmenso, es solo el primer paso en un largo proceso de justicia y reparación. El caso expone, una vez más, las fallas sistémicas en la protección de mujeres que denuncian violencia. La víctima había tomado la difícil decisión de huir, un paso que a menudo requiere una valentía extraordinaria, buscando seguridad en el hogar materno. Sin embargo, esa red de protección informal resultó insuficiente frente a la determinación violenta del agresor. Este patrón es lamentablemente común y plantea preguntas urgentes sobre la eficacia de las órdenes de protección y los mecanismos de alerta temprana.

 

Ahora, el foco se traslada completamente a la captura de Antonio ‘N’, el padre de la menor y principal sospechoso del doble feminicidio. La Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) lidera la investigación, que se tipifica como feminicidio agravado y sustracción de menores. La expectativa es que la entrega de la niña, posiblemente mediada por la presión familiar o social sobre el entorno del presunto culpable, pueda generar nuevas pistas sobre su paradero. La comunidad de Cuautitlán y la sociedad en general permanecen atentas, exigiendo que este caso no quede en la impunidad y que sirva para reforzar los protocolos que previenen desenlaces tan trágicos. La vida de Erika Camila ha sido salvada, pero la sombra de la violencia que arrebató a su madre y su abuela es un recordatorio de la deuda pendiente con miles de mujeres en México.

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