La madrugada en Culiacán se tiñó de rojo otra vez. En dos puntos distintos de la ciudad, la violencia irrumpió con brutal precisión. Un médico y un adolescente murieron bajo una lluvia de balas. Las preguntas se acumulan más rápido que las respuestas.
En el consultorio privado frente al IMSS de Costa Rica, el doctor Jesús Manuel “N” cumplía su turno nocturno. Tenía 33 años y una carrera por delante. Alguien decidió truncarla. Los paramédicos que llegaron al lugar solo pudieron certificar lo obvio: ya no había signos vitales.
“Entró a cubrir el horario nocturno como cualquier otro día”, comentó un colega que pidió no ser identificado. “Nadie espera esto cuando vas a trabajar.”
Mientras los peritos judiciales recogían evidencias en la avenida San Rafael, otro escenario se desarrollaba al oriente de la ciudad. En el Barrio, hombres armados derribaron el portón de una vivienda en la privada Punto Oriente.
Allí encontraron a Maximiliano “N”. El adolescente de 17 años no tuvo oportunidad. Su cuerpo quedó tendido sobre la calle Tailandia, mientras la Policía Estatal Preventiva acordonaba la zona.
Dos muertes. Dos historias aparentemente desconectadas. Un médico en su consultorio, un adolescente en su casa. ¿Coincidencia o patrón? La Fiscalía General del Estado inició investigaciones por separado, pero las conexiones subterráneas suelen ser lo que más importa en esta ciudad.
Los documentos obtenidos por este medio muestran un aumento del 40% en homicidios con estas características durante el último trimestre. Ejecuciones específicas, blancos claros, modus operandi militar.
Lo que oficialmente son dos casos aislados, para quienes conocen las dinámicas locales huele a ajustes de cuentas territoriales. El consultorio médico queda cerca de plazas controladas por grupos rivales. La vivienda del adolescente, en una zona de reciente disputa.
Las autoridades resguardan las escenas, los peritos forenses realizan sus labores. Pero detrás del protocolo policial late una verdad incómoda: en Culiacán, la muerte tiene horario fijo y los asesinos, impunidad garantizada.


















