La farsa monumental del Club Puebla se desmorona

La farsa monumental del Club Puebla se desmorona

Con la fase regular del Apertura 2025 a punto de expirar, la Liga MX nos obsequia, como un oráculo moderno, el espectáculo pedagógico de una entidad en plena descomposición. No es un simple equipo el que naufraga; es todo un microcosmos de la ineptitud, un faro que ilumina el camino hacia el fracaso más estruendoso.

Nos referimos, claro está, al Club Puebla, esa comuna experimental donde se ha probado, con éxito rotundo, la imposibilidad de forjar un estilo de juego. Su hazaña de acumular tan solo nueve unidades no es una derrota, es una declaración de principios. El rechazo de su afición, que ha abandonado el Estadio Cuauhtémoc como quien huye de un naufragio, es el único acto de coherencia en este circo.

El éxodo del último hombre útil

Para completar esta sátira, la maquinaria implacable del sistema ha identificado al único elemento productivo en este páramo: Emiliano Gómez. Mientras el equipo de Hernán Cristante se especializa en la generación de derrotas, Gómez, con su velocidad y su talento, ha cometido el error imperdonable de destacar. Su destino, como el de todo bien valioso en una economía de saqueo, es ser embarcado hacia Toluca o Pumas, para que su esfuerzo no contamine la gloriosa misión de permanecer en la mediocridad.

En un acto de suprema ironía, apenas Puebla completó el pago de su carta al Boston River de Uruguay, se dispone a venderlo. Es la doctrina perfecta: comprar para inmediatamente vender, un ciclo perpetuo donde el jugador es solo un instrumento de especulación, un billete con cordones. Se rumorea que su partida podría reportar unos 4 millones de dólares, la misma cifra que se necesitaría, quizás, para intentar construir un equipo que no sea una farsa.

La subasta final del desguace

Con la eliminación consumada, se anuncia la subasta de los restos. Todos los ojos se posan ahora en el defensor Rodrigo Pachuca, cuyo crimen fue representar a la Selección Mexicana Sub-20. Se le acusa de tener ambición y calidad, delitos graves en una institución que ha hecho de la derrota su marca registrada. Pronto seguirá los pasos de Gómez, porque en el reino de los ciegos, al tuerto no se le perdona la vida, se le vende al mejor postor.

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