Colombia ensaya su coreografía para el éxodo venezolano

El Gran Teatro de la Frontera: Un Plan en Tres Actos Sublimes

En un alarde de precognición burocrática, el gobierno colombiano ha desvelado su última obra maestra: el “Plan de Fronteras“, un tríptico de fases tan meticulosamente ordenado como un menú degustación para un apocalipsis. Ante el leve susurro de convulsión en la nación vecina, la Cancillería, convertida en dramaturga de lo imprevisible, ha coreografiado la respuesta perfecta. Primero, los hijos pródigos (colombianos retornados); después, los vecinos necesitados (ciudadanos venezolanos); y por último, el elenco de reparto internacional (otras nacionalidades). Una pirámide de la atención humanitaria donde cada refugiado encuentra su escalón predeterminado.

La viceministra Juana Castro explicó con la serenidad de una presentadora de televentas el proceso: desde la emergencia inicial hasta el sublime momento de “identificar la vocación de permanencia”. Porque, claro, lo primero al recibir a una familia que huye del hambre es evaluar su vocación, como si se tratara de una entrevista para un seminario. El registro, nos recuerdan, es “muy importante”. Más importante, al parecer, que cuestionar por qué millones de almas deben sopesar diariamente la opción del destierro.

La Paz de los Sepulcros: Tranquilidad Oficial en el Polvorín

Mientras tanto, Gloria Arriero, directora de Migración Colombia, nos ofrece el parte meteorológico del desastre: “hay un parte de tranquilidad“. Los flujos migratorios por los pasos terrestres fluyen con la normalidad de un río que aún no se desborda. En Norte de Santander, la cifra sacra de 60 mil personas cruzando a diario se mantiene, un ritual cotidiano que ya ni sorprende. La única novedad, confiesa, es una ligera sensación de incertidumbre entre la gente. Un eufemismo delicioso para el puro terror a que la tierra se abra bajo los pies.

La Nueva Normalidad: Cuando el Éxodo es Solo Tráfico Usual

Así, las autoridades colombianas insisten en que los flujos migratorios son normales. He aquí el triunfo definitivo de la jerga técnica sobre la realidad: que decenas de miles atraviesen fronteras por necesidad extrema ha sido absorbido por el léxico oficial como “normalidad”. El país, nos aseguran, se prepara “adecuadamente”. Es decir, ha aprendido a gestionar la tragedia ajena con la eficiencia de un logístico, planificando el alojamiento y la alimentación mientras se ahonda en la raíz de un drama que convierte a seres humanos en estadísticas de un plan de contingencia. Una farsa monumental donde la verdadera emergencia es la aceptación resignada de lo inaceptable.

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