El volcán que erupcionó la hipocresía global

El Gran Estornudo Telúrico y el Protocolo de la Ceniza Inconveniente

En un acto de insubordinación geológica que ha dejado perplejos a los comités de expertos, el volcán Hayli Gubbi, un plebeyo de la región de Afar que llevaba siglos sin pagar impuestos de azufre a la comunidad internacional, ha tenido la desfachatez de entrar en erupción sin el permiso previo de las autoridades competentes. Este advenedizo montañoso ha lanzado columnas de ceniza crítica que, con una precisión diplomática insultante, se han dirigido hacia los territorios de Yemen y Omán, como si intentara igualar en visibilidad a las crisis humanitarias que allí padecen.

Mohammed Seid, un administrador local cuyo cargo parece haberse inventado para la ocasión, declaró con solemnidad que no hubo víctimas, pero advirtió sobre las implicaciones económicas para la comunidad de pastores. “Sus animales tienen poco que comer”, lamentó, en lo que parece ser la primera vez que un funcionario se preocupa genuinamente por el hambre en la región, aunque sea la del ganado. Mientras, el Centro de Asesoramiento sobre Cenizas Volcánicas de Tolosa confirmó el evento desde su cómoda sede en Francia, demostrando una vez más que la tragedia ajena se observa mejor con un buen telescopio y una taza de café.

La Onda de Choque Filosófica

Un residente, Ahmed Abdela, describió el fenómeno como una onda de choque que sintió “como si de repente hubieran lanzado una bomba con humo y ceniza”. La metáfora es sublime: la naturaleza, en su infinita sabiduría, replica los métodos de la diplomacia moderna para hacerse oír. El desierto de Danakil, otrora atracción turística para almas intrépidas, ha sido cubierto por un manto gris que iguala en monotonía los discursos de las cumbres climáticas. Los turistas y guías, varados en el pueblo, se han convertido en un alegoría perfecta de la humanidad atrapada en las consecuencias de un sistema que prefiere observar los desastres en lugar de prevenirlos.

Las autoridades, en un alarde de eficacia, se limitaron a compartir fotos y videos de la imponente columna de ceniza. Una estrategia impecable: si no puedes detener el problema, conviértelo en contenido para las redes sociales. El volcán, en su insolencia, no ha seguido el protocolo. No ha esperado a que se firmen acuerdos, no ha asistido a mesas de diálogo. Simplemente ha erupcionado, recordándole a un mundo obsesionado con la virtualidad que la materia, por mucho que la ignoren, sigue existiendo y, ocasionalmente, estornuda.

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