Un nuevo tablero geopolítico para la energía
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, realizó un llamado directo a los líderes corporativos del sector energético para acelerar su regreso a Venezuela. El objetivo de la administración estadounidense es catalizar rápidamente 100.000 millones de dólares en capital privado para revitalizar la capacidad de la nación sudamericana de explotar sus colosales reservas de crudo.
Tras la intervención militar que resultó en la captura del exmandatario Nicolás Maduro, la narrativa de Trump ha pivotado hacia la presentación del escenario como una oportunidad económica sin precedentes. La incautación de buques tanque con crudo venezolano y el anuncio del control estadounidense sobre las ventas globales de entre 30 y 50 millones de barriles marcan una estrategia de geopolítica energética en tiempo real.
El discurso de la seguridad absoluta para las inversiones
En un encuentro con ejecutivos del sector petrolero, Trump despejó dudas, instándoles a superar el escepticismo. Les pidió actuar con celeridad pese al historial de expropiaciones, las sanciones económicas vigentes y la volatilidad política del pasado.
“Tienen garantías totales“, afirmó Trump ante los directivos. “Ustedes negocian directamente con nosotros, no con Venezuela en absoluto. No queremos que traten con Venezuela”.
“Nuestras gigantescas corporaciones energéticas invertirán al menos 100.000 millones de su propio capital, no del gobierno. No necesitan fondos públicos. Pero sí requieren el respaldo del Estado“, añadió.
Esta convocatoria en la Casa Blanca se produjo tras una nueva incautación de un carguero vinculado al crudo venezolano, consolidando una estrategia de control de recursos.
El plan se enmarca en la promesa de Trump de contener los precios de los combustibles. En un contexto de preocupación ciudadana por el costo de la vida, la intervención en Venezuela funciona también como un mensaje político destinado a demostar capacidad para reducir las tarifas energéticas.
La lista de invitados incluyó a ejecutivos de 17 corporaciones, como Chevron —que mantiene operaciones en el país—, y otras como ExxonMobil y ConocoPhillips, cuyos proyectos fueron nacionalizados en 2007 durante la era de Hugo Chávez.
La visión desde las corporaciones: marcos legales y garantías
“Bajo las estructuras comerciales y los marcos existentes hoy en Venezuela, el país no es atractivo para la inversión”, declaró Darren Woods, CEO de ExxonMobil. “Se requieren modificaciones profundas en esos marcos, en el sistema jurídico, deben establecerse protecciones duraderas para la inversión y cambios en la ley de hidrocarburos”.
El encuentro congregó también a firmas como Halliburton, Valero, Marathon, Shell, la comerciante Trafigura, la italiana Eni y la española Repsol, además de diversas empresas con intereses en infraestructura y mercados de commodities.
Hasta ahora, las grandes multinacionales del petróleo han sido cautelosas, a la espera de acuerdos contractuales claros y mecanismos de protección. Trump ha sugerido que Estados Unidos actuaría como aval de esas inversiones.
Con la extracción de crudo venezolana por debajo del millón de barriles diarios, el desafío para la administración es persuadir a las compañías de que mantiene una relación estable con la presidenta interina, Delcy Rodríguez, y de que existen salvaguardias para quienes ingresen al mercado.
Críticas y el debate sobre el neoimperialismo energético
Aunque Rodríguez ha criticado públicamente a Trump y la deposición de Maduro, el mandatario estadounidense insiste en que la líder interina ha mantenido una colaboración discreta con su gobierno.
Tyson Slocum, director del programa energético del grupo de defensa Public Citizen, criticó la reunión y tildó la remoción de Maduro de “imperialismo violento“. Slocum argumentó que el objetivo de Trump parece ser “entregar a una élite multimillonaria el control sobre los recursos petroleros de Venezuela”, un movimiento que redefine los límites entre la política exterior y los intereses corporativos en la era digital.

















