Los papeles no mienten. Y los documentos legales a los que accedió TMZ pintan un cuadro escalofriante sobre Bill Cosby. Según el portal, el comediante admitió bajo juramento algo que muchos sospechaban: en 1977, obtuvo siete recetas para conseguir un medicamento sedante con un propósito muy específico.
“Cosby admitió que convenció a su médico de confianza, Leroy Amar, de reposicionar la receta de un medicamento que usaba para drogar mujeres”, afirma el reporte.
Aquí está el mecanismo: el ginecólogo firmó esas recetas para que Cosby pudiera adquirir quaaludes, también conocida como metacualona. Una pastilla con efectos sedantes e hipnóticos, famosa por relajar los músculos. Perfecta, al parecer, para sus planes.
Lo más cínico viene después. El actor admitió que nunca tomó ninguna de esas pastillas, aunque las consiguió argumentando una necesidad médica. Las recetas se firmaron durante una partida de póker en la casa de Cosby en Los Ángeles. Negocio y juego mezclados de la peor manera.
El médico perdió su licencia poco después, aunque se la devolvieron dos años más tarde. Pero las consecuencias para las mujeres fueron permanentes.
Donna Motsinger lo acusó de violación después de que, en 1972, Cosby le dio lo que parecía una aspirina mientras ella trabajaba como camarera en el restaurante Trident de Sausalito. En vez de aliviarle el dolor de cabeza:
“La píldora le produjo un mareo que la hizo perder la noción y conciencia hasta el día siguiente, cuando amaneció en la casa de Cosby”, detalla el documento.
Despertó con apenas parte de su ropa interior puesta.
Cosby fue declarado culpable en 2018, pero su condena fue anulada en 2021 por un tecnicismo procesal. Desde entonces, nuevas acusaciones de agresión sexual siguen pendientes sin resolución legal. La justicia parece moverse a dos velocidades: rápida para algunos protocolos, eternamente lenta para las víctimas.
















