Pobladores de San Pedro Jaltepetongo, en la región de la Cañada de Oaxaca, reportaron el descubrimiento de al menos una decena de piezas arqueológicas. Sin embargo, el hallazgo se vio empañado por el método de extracción, realizado sin los protocolos técnicos necesarios, lo que ha motivado una intervención urgente del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y un llamado contundente a evitar el saqueo de sitios que no están abiertos al público.
El INAH hizo un llamado explícito a la ciudadanía, comunicadores y creadores de contenido en redes sociales y medios, instándoles a ejercer un cuidado extremo al difundir información sobre sitios arqueológicos no abiertos al público, espacios en investigación o de reciente descubrimiento. La advertencia surge tras conocerse que las piezas, entre las que se identifican pendientes, utensilios y vasijas, fueron extraídas de un espacio de resguardo sin las mínimas condiciones de un procedimiento científico.
De acuerdo con testimonios de pobladores y especialistas, la excavación se realizó sin equipo técnico ni la supervisión de un arqueólogo profesional, poniendo en grave riesgo la integridad de objetos que pueden ser centenarios. El arqueólogo Ignacio Estrada explicó que el hallazgo fue promovido por una comunidad asesorada por un influencer conocido como “Sr. Blue”, quien carece de formación académica en historia o arqueología. Según Estrada, la motivación aparente fue promover excavaciones ilegales para extraer piezas que habían permanecido resguardadas bajo tierra durante siglos.
Estrada enfatizó un principio fundamental de la arqueología: el proceso de excavación y registro meticuloso es lo que permite reconstruir la historia. Al extraer un objeto sin control técnico, se pierde información invaluable. El contexto —la composición de la tierra, la posición exacta del objeto y su asociación con otros materiales— es tan importante como la pieza misma. Sin estos datos, un artefacto se convierte en un objeto aislado, despojado de su capacidad para narrar el pasado.
El Centro INAH Oaxaca informó que, desde el pasado sábado 10 de enero de 2026, mantiene comunicación con autoridades y representantes de la comunidad de San Pedro Jaltepetongo. Un especialista en la región se trasladará a la localidad para verificar la autenticidad del hallazgo y proceder conforme a la normatividad vigente, con el objetivo de salvaguardar las piezas y el sitio. Este protocolo es esencial para garantizar que los bienes patrimoniales sean protegidos, estudiados y, en su momento, difundidos de manera adecuada.

Tras la exhibición pública de las piezas en redes sociales, el INAH también pidió combatir la desinformación, que puede confundir a la población y, de manera indirecta, promover el saqueo de espacios que son sagrados para las comunidades. Este no es un incidente aislado. Con frecuencia, influencers o creadores de contenido ajenos a las comunidades promueven y exhiben estos lugares sin una consulta previa e informada, ignorando las implicaciones de exponer un patrimonio colectivo y la memoria histórica de un pueblo.
La difusión irresponsable, señala el Instituto, puede tener consecuencias graves. Al exponer la ubicación precisa o dar pistas sobre la localización de un sitio, se allana el camino para su saqueo. También puede incitar a que personas que realicen un hallazgo fortuito procedan a extraerlo por su cuenta, en lugar de reportarlo a las autoridades competentes. El saqueo en zonas arqueológicas y espacios sagrados constituye un delito federal, tipificado en la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.

Este delito no es solo una violación legal; representa un obstáculo monumental para la protección, recuperación, restauración, conservación e investigación del patrimonio nacional. Cuando un sitio es saqueado, se destruye para siempre su contexto histórico, se fractura el conocimiento y se priva a la sociedad de entender su propia trayectoria cultural. La ley, en sus artículos 27 al 32, establece las bases para defender este patrimonio, considerándolo propiedad de la nación y un legado irremplazable.
El caso de San Pedro Jaltepetongo subraya una tensión contemporánea: el deseo legítimo de descubrir y compartir el pasado, contra la necesidad imperiosa de hacerlo con rigor, respeto y dentro del marco legal. El trabajo arqueológico es, en esencia, un ejercicio de reconstrucción paciente y sistemática. Cada fragmento, en su lugar original, contribuye a un mosaico más amplio. Extraerlo de golpe, buscando un impacto momentáneo en redes sociales, equivale a arrancar las páginas de un libro histórico antes de poder leerlo, perdiendo para siempre la narrativa completa que estaba a punto de revelarse.
















