La industria de autopartes defiende el arancel cero en el T-MEC

La Visión de un Viejo Lobo de la Industria: Más Allá de los Titulares

El director general de la INA, Gabriel Padilla.

Con los años en este negocio, he aprendido que algunas batallas se libran una y otra vez. La renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) es una de ellas. Desde la trinchera de la Industria Nacional de Autopartes (INA), nuestro mensaje es claro y lo hemos sostenido por décadas: no hay espacio para gravámenes adicionales ni para incrementos en el contenido regional. Como bien señaló nuestro director general, Gabriel Padilla, el arancel cero no es una concesión; es el cimiento de nuestra competitividad en Norteamérica. Sin él, el costo para el consumidor final se dispara y todos perdemos.

Una Lección de Integración Regional

Recuerdo claramente las tensiones pasadas durante negociaciones anteriores. Lo que se firmó en el Convenio para el Impulso a la Modernización Industrial y Tecnológica de los Proveedores Nacionales —con Canacintra y otros organismos— es un recordatorio de que estamos interconectados. Cuando Padilla afirma que alterar las reglas de origen perjudica a toda la región, habla con la autoridad de quien ha visto cómo una decisión aparentemente local en Detroit o Ontario puede paralizar una línea de ensamble en Puebla o Coahuila. Por experiencia, “no podemos aceptar ninguna condición” no es una postura inflexible, es una necesidad de supervivencia industrial.

Las Herramientas que Sostienen la Manufactura

En la práctica, la teoría se queda corta. He visto cómo los programas sectoriales y la regla octava —esos mecanismos que permiten importar materia prima con condiciones preferenciales— son lo que separa a una empresa que prospera de una que cierra. No son tecnicismos; son salvavidas. Garantizan la estabilidad operativa y nos permiten competir con Asia en un pie de igualdad. Perder estas herramientas sería como desarmar un reloj suizo y esperar que siga marcando la hora correcta.

La próxima comparecencia en la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados es otro capítulo crucial. El fantasma de los derechos compensatorios a productos asiáticos es real. La lección aprendida es que debemos defender la producción nacional con uñas y dientes, pero con una visión estratégica. Blindar nuestra industria no debe significar crear disrupciones en la cadena de suministro que, hoy por hoy, es global. El equilibrio es frágil, y mantenerlo requiere de la sabiduría que solo da el haber cometido errores en el pasado.

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