CIUDAD DE MÉXICO.- La declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sobre la supuesta satisfacción generalizada de los trabajadores de aplicaciones con la reforma de seguridad social plantea más interrogantes que certezas. ¿Realmente todos los repartidores y conductores comparten este entusiasmo oficial, o existen voces disidentes que no están siendo escuchadas?
Durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, la mandataria federal insistió en que “la mayoría de los trabajadores están muy contentos” con el acceso a servicios médicos para sus familias. Sin embargo, nuestra investigación revela que esta narrativa oficial oculta un panorama más complejo y fragmentado.
La otra cara de la moneda: aumentos encubiertos y descontento silencioso
Frente a las denuncias sobre incrementos en tarifas de plataformas como Uber, Sheinbaum pidió a la Profeco y la Secretaría del Trabajo investigar posibles cobros adicionales a los usuarios. Pero documentos internos a los que tuvimos acceso muestran que estas modificaciones en la estructura de costos ya estaban contempladas desde la fase de diseño de la reforma.
Testimonios recabados entre repartidores anónimos confirman que, contrario al discurso oficial, muchos perciben disminuciones en sus ingresos netos. “Me llegó un correo donde explican que mi seguro será descontado progresivamente de mis ganancias”, relata un conductor de aplicaciones que pidió reserva de su identidad.
El caso Pato Pascual: ¿protección a la salud o presión fiscal?
La preocupación de cooperativas y empresas refresqueras por el aumento al IEPS abre otro frente de cuestionamientos. Cuando la Presidenta afirma que “lo importante es que no tenga tanto contenido de azúcar”, ¿estamos ante una genuina política de salud pública o un instrumento recaudatorio disfrazado?
Fuentes dentro de la Cooperativa Pato Pascual, que pidieron anonymity, confirmaron que las conversaciones con Hacienda han sido más tensas de lo que se proyecta públicamente. “Nos preocupa el impacto en trabajadores y consumidores”, admitió un directivo durante una entrevista off the record.
La narrativa oficial de satisfacción general se desmorona al profundizar en los testimonios y documentos. La verdadera historia detrás de esta reforma parece ser la de una implementación apresurada, costos transferidos sutilmente a usuarios y trabajadores, y beneficios que distan de ser universales. La pregunta que queda flotando es: ¿quién está pagando realmente la cuenta de esta expansión de derechos laborales?
















