Una Medida Extrema con Raíces Profundas
Les voy a ser franco, después de décadas observando la administración de justicia, una medida como el paro de “brazos caídos” no me sorprende, pero sí me entristece profundamente. He visto cómo la falta de insumos básicos, algo tan simple como el papel o una impresora funcional, puede paralizar toda una audiencia. Recuerdo una vez, en mis primeros años, tener que suspender una vista porque no teníamos ni siquiera tinta para imprimir los autos. Es una batalla constante contra la burocracia y la desidia.
El Sindicato Nacional de Renovación no actúa por capricho. Cuando el líder sindical Juan Alberto Prado Gómez habla de la defensa de condiciones laborales dignas, no se refiere a lujos, sino a lo mínimo indispensable para que un juzgado funcione. Sin estos recursos, la impartición de justicia se convierte en una farsa. La teoría dice que debemos garantizar el acceso a la justicia, pero la práctica, la cruda realidad, nos muestra que sin hojas, sin agua y con equipos obsoletos, es imposible.
“El cierre temporal será efectivo en todas las sedes judiciales y administrativas bajo jurisdicción federal, permaneciendo en funcionamiento únicamente los servicios de guardia para casos estrictamente urgentes, conforme a los principios de protección a derechos fundamentales”, puntualizó.
Esta cita no es retórica. He estado en esas guardias. Atiendes lo estrictamente urgente, pero el resto de la carga procesal, los miles de asuntos que esperan una resolución, se congelan. El daño al tejido social es incalculable. La invocación del artículo 123 constitucional no es un tecnicismo; es el grito de auxilio de un sistema que se está desangrando por la negligencia administrativa.
El Problema Real: Más Allá del Papel y la Tinta
La queja por las impresoras y la papelería es solo la punta del iceberg. El verdadero cáncer, lo he comprobado una y otra vez, es la falta de voluntad política para sustituir a los funcionarios que se van. Se crean vacíos que paralizan las fiscalías y los juzgados. Y el incumplimiento del incremento salarial es la gota que derrama el vaso. No es solo sobre el dinero; es sobre el respeto. Cuando el Órgano de Administración Judicial promete y no cumple, destruye la confianza y mina la moral de quienes sostienen el sistema desde sus cimientos.
“El sindicato reitera su disposición al diálogo y a la búsqueda de soluciones institucionales, pero subraya que no es posible sostener la operación judicial sin condiciones materiales ni el reconocimiento justo al esfuerzo de las y los trabajadores que sostienen la impartición de justicia federal en el país”, advirtió.
Esta advertencia resume una lección que he aprendido a lo largo de los años: sin diálogo genuino y sin un compromiso real con la dignidad de los trabajadores, ningún sistema de justicia puede sobrevivir. Este paro no es el problema; es el síntoma de una enfermedad mucho más grave. Las consecuencias serán el retraso de causas, la frustración de los justiciables y un profundo desgaste institucional. Espero que esta vez, las autoridades escuchen antes de que el daño sea irreparable.
















