Trump vincula operación en Venezuela con México y afirma que “los cárteles dirigen el país”

En medio de la polémica internacional generada por la reciente operación de fuerzas estadounidenses que resultó en la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, ha dirigido su atención y sus declaraciones hacia México. En una entrevista concedida a Fox News, Trump afirmó que “algo tendrá que hacerse” respecto al poder que los cárteles de la droga ejercen en el país vecino, estableciendo un vínculo implícito entre ambos escenarios geopolíticos.

La conexión fue sugerida inicialmente por los periodistas durante la entrevista, quienes preguntaron si la acción contra el gobierno de Caracas debía interpretarse también como un mensaje para México y su presidenta, Claudia Sheinbaum. La pregunta hacía eco a declaraciones previas del vicepresidente J.D. Vance, quien había señalado que el mensaje de la operación era “bastante claro: el narcotráfico debe detenerse”. Trump negó que su intención fuera enviar un mensaje directo al gobierno mexicano, asegurando mantener una relación amistosa con Sheinbaum, a quien describió como “una buena mujer”. Sin embargo, inmediatamente después matizó esa afirmación con una valoración contundente y polémica sobre la realidad del poder en México.

“Somos muy amigables con ella, es una buena mujer, pero los cárteles dirigen México. Ella no dirige México, los cárteles dirigen México”, declaró el presidente estadounidense. Añadió, además, su percepción de que la mandataria mexicana “está muy asustada de los cárteles”. Con estas palabras, Trump trasladó al discurso público una narrativa que cuestiona abiertamente la capacidad del Estado mexicano para ejercer su soberanía y monopolio de la fuerza, atribuyendo el control efectivo del territorio a organizaciones criminales transnacionales.

El análisis de esta declaración requiere contextualizarla dentro de la postura histórica de Trump hacia México, caracterizada por un enfoque de seguridad nacional que prioriza la frontera sur y el flujo de drogas. El mandatario justificó su preocupación con una cifra impactante: según su juicio, Estados Unidos ha perdido hasta 300 mil personas a causa del consumo de drogas, una tragedia que atribuye principalmente al tráfico que cruza la frontera con México, aunque también mencionó, en menor medida, el ingreso desde Canadá. Esta justificación sirve como base para la revelación de lo que, según su relato, han sido conversaciones confidenciales con la presidenta Sheinbaum.

Trump aseguró haber planteado en repetidas ocasiones a la líder mexicana la posibilidad de que Estados Unidos actúe de manera directa y unilateral contra los grupos criminales en territorio mexicano. Según su versión, habría preguntado en múltiples ocasiones: “¿Le gustaría que elimináramos a los cárteles?”, una propuesta que, afirma, habría sido rechazada de plano por el gobierno mexicano. “Y ella dice: ‘No, no, no, señor presidente, por favor’”, relató Trump, imitando una supuesta súplica de Sheinbaum. Esta anécdota, de ser exacta, ilustra la profunda sensibilidad y los principios de soberanía y no intervención que guían la política exterior mexicana, un pilar histórico que choca frontalmente con la visión de seguridad cooperativa que parece proponer Trump.

Las implicaciones prácticas de estas declaraciones son significativas. Por un lado, internacionalizan y politizan aún más el desafío de seguridad que representan los cárteles, situándolo no solo como un problema bilateral, sino como un asunto de seguridad nacional estadounidense de primer orden, comparable, en la retórica de Trump, con la situación en Venezuela. Por otro lado, colocan al gobierno de Claudia Sheinbaum en una posición delicada, forzándolo a navegar entre la cooperación necesaria con su principal socio comercial y la defensa inquebrantable de la soberanía nacional frente a sugerencias de intervención militar extranjera.

El tono utilizado por Trump, que mezcla una aparente cordialidad personal con una evaluación técnica brutal de la situación, refleja un estilo de diplomacia directa que prioriza la narrativa del poder y el control. Al afirmar que “algo tendrá que hacerse”, deja abierta la puerta a futuras acciones o presiones, sin especificar su naturaleza, lo que genera incertidumbre sobre el rumbo de la relación bilateral en materia de seguridad. El episodio demuestra cómo un evento geopolítico en un tercer país, como Venezuela, puede ser utilizado rápidamente como un punto de referencia o un precedente para redefinir las expectativas y exigencias en otro frente completamente distinto, en este caso, la compleja y crítica relación entre Estados Unidos y México.

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