En un acto de magia presupuestal digna del mejor ilusionista, el gobierno federal anunció la construcción de un ejército de 82 mil nuevas viviendas en Michoacán. La noticia, presentada con la pompa habitual, busca pintar un panorama idílico donde cada familia tenga su techo.
Sin embargo, detrás del telón de los números redondos y las llaves simbólicas, se esconde una realidad menos fotogénica. El mismo estado tiene un déficit habitacional que ronda las 270 mil viviendas, una cifra que hace que el nuevo plan parezca más un parche que una solución.
“Estamos prácticamente cubriendo casi la tercera parte del déficit de vivienda de Michoacán para esta administración”, admitió Octavio Romero Oropeza, director del Infonavit.
La frase “casi la tercera parte” revela la magnitud del problema. Se construye a marchas forzadas, pero la meta sigue estando a años luz de la necesidad real. Es como intentar vaciar el océano con un cubeta.
Lo más revelador llegó después. El funcionario aprovechó para informar sobre otro “pequeño” detalle: 100 mil trabajadores en Michoacán tenían créditos hipotecarios impagables. Un problema masivo que ahora, según dicen, está siendo “corregido”.
“Algunos con la reestructura se pagaron totalmente, otros tuvieron una reducción muy importante de su saldo”, explicó.
Aquí está el verdadero meollo del asunto. Mientras se anuncia a bombo y platillo la construcción de viviendas nuevas, se intenta silenciosamente resolver el desastre de las viviendas que la gente ya no podía pagar. Se construye futuro sobre las cenizas de un pasado crediticio fallido.
El plan promete prioridad para madres solteras y grupos vulnerables, lo cual es loable. Pero en el fondo, la estrategia parece clara: inundar de anuncios positivos para opacar los problemas estructurales. Se entregan llaves frente a las cámaras mientras se reestructuran deudas a puerta cerrada.
Al final, queda la sensación de que la política habitacional es un juego de números. Se anuncian decenas de miles de casas nuevas mientras se corrige el error de decenas de miles de créditos que colapsaron. Un ciclo donde la solución de hoy parece destinada a convertirse en el problema de mañana.















