En un giro que sorprendió a absolutamente nadie, Andrea Legarreta ha ‘destapado’ lo que todo el país llevaba meses viendo a través de un cristal. El gran secreto: su amigo de toda la vida, el coach Luis Carlos Origel, es ahora su pareja romántica. Una revelación tan explosiva como un globo desinflándose lentamente en el estudio de ‘Hoy’.
“Somos amigos de hace años todos, era más mi amigo, Erik lo quiere muchísimo, mis hijas lo adoran”, confesó la conductora.
He aquí el manual moderno del romance público: primero, niegas todo durante meses mientras la ‘química’ circula más rápido que un chisme en redes. Luego, invitas al sujeto en cuestión a tu programa matutino para que los compañeros hagan el trabajo sucio de las indirectas. Finalmente, lo insertas en las fotos familiares navideñas y esperas a que alguien ‘descubra’ el patrón. Ingenioso.
Lo verdaderamente revolucionario es la narrativa de la ‘gran familia unida’. El exmarido está encantado, las hijas lo adoran, y hasta el tío del novio es un comunicador conocido. Es una relación tan perfectamente integrada en el ecosistema televisivo que parece un spin-off negociado en contrato. Un reality show llamado ‘Mi ex, mis hijas y mi nuevo coach’.
En un mundo donde la vida privada es el producto más preciado, Legarreta ha dominado el arte de vender la intimidad como un guion de telenovela diurna. Todos felices, todos sonrientes, todos… actuando para la cámara que nunca se apaga. La única verdad incómoda es que ya no sabemos dónde termina el set y dónde empieza la sala de estar.

















